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Archive for 26 septiembre 2008

Hay momentos

 
 

Es bonito vivir, aunque la vida
tenga amargos momentos.
Los hay llenos de duros sinsabores, 
los hay tristes y lentos.
Los hay que nos castigan con desgana,
con fatiga y con tedio.

                                                                                               
Pero hay otros momentos de esperanza,
de amor y de sosiego,
que nos llenan el alma de alegría,
de dulce bienestar y de contento.
Momentos en que vemos un futuro 
poblado de misterios,
que van desarrollándose en promesas,
como en los viejos cuentos.

Si sabemos mirar en nuestras almas,
veremos que tenemos allá adentro
un sinfín de posibles realidades
que aún no se han hecho;
con ellas está todo en nuestras manos,
como un misterio
que espera, que, con fuerza decisiva,
le despertemos.

Para aquellos que amamos nuestra vida,
y a Dios le agradecemos
que nos la muestre llena de contrastes,
hay momentos, momentos y momentos…

… de estos momentos llenos de promesas
quiero llenar mi tiempo.

 Recordar es vivir.. y cuando esos momentos vividos.. dejan ese sabor de alegría y de satisfacción… entonces.. el corazón se alegra.. y solo queda decir….

que maravilloso es recordar…

 

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Compartiendo la luz

 

 

Hu-Song, filosofo de Oriente, contó a sus discípulos la siguiente historia :

Varios hombres habían quedado encerrados, por error, en una oscura caverna,  donde no podían ver casi nada.

Pasó algún tiempo… y uno de ellos logró encender una pequeña tea.

Pero la luz que daba era tan escasa que aun así no se podía ver nada.

Al hombre, sin embargo, se le ocurrió que con su luz podía ayudar a que cada uno de los demás prendieran su propia tea, y así, compartiendo la llama con todos, la caverna se iluminó.

Uno de los discípulos preguntó a Hu-Song :¿ Qué nos enseña, maestro, este relato ?

Y Hu-Song contestó :

Nos enseña que nuestra luz sigue siendo oscuridad si no la compartimos con el prójimo.

Y también nos dice que el compartir  nuestra luz no la desvanece, sino que, por el contrario, la hace crecer.

" El compartir nos enriquece, en lugar de hacernos más pobres."

" Los momentos más felices son aquellos que hemos podido compartir."

Que Dios nos dé siempre la luz para iluminar a todos los que pasen por nuestro lado.

La verdadera amistad es flor que se siembra con honestidad,

se riega con afecto, y crece a la luz de la comprensión.

Si una vela enciende a otra, así pueden llegan a brillar miles de ellas.

De igual modo, si iluminas tu corazón con amor, puede que ilumines a otro corazón, así se pueden llegar a iluminar a miles de corazones.

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Soñar

 
 
La realidad, a veces, es mucho mejor de lo que nos atrevemos a soñar.  Sin embargo, primero tenemos que franquear el umbral del miedo a la desilusión, lo cual nos permitirá volar libres sin mirar hacia atrás, confiando solamente en el instinto mágico y en la certeza del alma.
 
De este modo, un día de sublime amanecer seremos capaces de disfrutar de esta realidad soñada.
 
Soñar los sueños del alma.
 
Soñar que el vuelo en libertad es construir nuestro destino.
 
Soñar es darle voz al alma y permitir el canto a la vida.
 
Extraído del libro "La Reina que le dio de Calabazas al Caballero de la Armadura Oxidada" – Rosetta Forner

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Los Nadies

 
 
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

autor Eduardo Galeano
escritor

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Balada del loco amor

 
 
I

No, nada llega tarde, porque todas las cosas
tienen su tiempo justo, como el trigo y las rosas;
sólo que, a diferencia de la espiga y la flor,
cualquier tiempo es el tiempo de que llegue el amor.
No, Amor no llega tarde. Tu corazón y el mío
saben secretamente que no hay amor tardío.
Amor, a cualquier hora, cuando toca a una puerta,
la toca desde adentro, porque ya estaba abierta.
Y hay un amor valiente y hay un amor cobarde,
pero, de cualquier modo, ninguno llega tarde.

II

Amor, el niño loco de la loca sonrisa,
viene con pasos lentos igual que viene a prisa;
pero nadie está a salvo, nadie, si el niño loco
lanza al azar su flecha, por divertirse un poco.
Así ocurre que un niño travieso se divierte,
y un hombre, un hombre triste, queda herido de muerte.
Y más, cuando la flecha se le encona en la herida,
porque lleva el veneno de una ilusión prohibida.
Y el hombre arde en su llama de pasión, y arde, y arde
Y ni siquiera entonces el amor llega tarde.

III

No, yo no diré nunca qué noche de verano
me estremeció

la fiebre de tu mano en mi mano.
No diré que esa noche que sólo a ti te digo
se me encendió en la sangre lo que soñé contigo.
No, no diré esas cosas, y, todavía menos,
la delicia culpable de contemplar tus senos.
Y no diré tampoco lo que vi en tu mirada,
que era como la llave de una puerta cerrada.
Nada más. No era el tiempo de la espiga y la flor,
y ni siquiera entonces llegó tarde el amor

autor: MIGUEL ANGEL BUESA

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Estaba echado con el rostro hacia abajo en una tabla de surf sobre el mar como a un kilómetro de la playa de Waikiki. Siempre había querido practicar surf en Hawai, pero al verme entre aquellas gigantescas olas verdes, de pronto ya no me sentí con mucha sed de aventuras.
-Aquí ya estamos a suficiente distancia -precisó el bronceado muchacho que me había acompañado hasta allí en su tabla-. Ahora dese la vuelta y dé la cara a la playa. Cuando una ola levante la tabla, reme con todas sus fuerzas con los brazos. Y luego póngase de pie.
-¿De pie?
Dime -le pregunté con un gruñido, procurando que no se me reflejara el pánico en la voz-, ¿qué es lo más importante que tengo que recordar?
-¿Lo más importante? -repitió con una sonrisa-. ¡No mirar hacia atrás!
La siguiente ola levantó la tabla. Ante mí se abrió un profundo abismo en el mar. La tabla se inclinó y se lanzó a lo más hondo de aquella sima color esmeralda. La inclinación era tal que casi se veía vertical. Traté de ponerme de pie. Sabía que a mis espaldas un millón de toneladas de agua salada en movimiento se iban acumulando por encima de mi cabeza. En ese instante olvidé lo que me había aconsejado el muchacho. Volví la vista atrás…
En realidad no me ahogué. No exactamente. Me quedé flotando en el Pacífico mientras mi tabla se sumergía y se iba sola, hasta que por fin me armé de valor para volver a intentar.
Jamás olvidé el consejo del muchacho de la playa: no mirar atrás. No fijarme en errores cometidos, oportunidades perdidas, ofensas sufridas y motivos de queja, ya fuesen reales o imaginarios. No. Lo que hay que hacer es mirar hacia adelante. Ir en pos del futuro. Concentrarse en lo que nos aguarda. Eso es lo más importante que se debe tener presente.
Señor,  ayúdame a proyectarme a los retos del futuro y no volver la vista a un pasado que no puede cambiar.
Arthur Gordon

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