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Archive for 24 agosto 2006

Para pensar…

 

A veces durante nuestro camino en el desierto nos cuesta creer que existen otros lugares, otras gentes…

Otras veces nos distraemos buscando en el exterior o en el futuro y nos perdemos la esencia del presente…

Y otras muchas la marcha en el camino nos impide tomar refresco, no ya para descansar sino para poder retomarlo con más fuerza.

Pero existen otros lugares, existen otras gentes…

Es verdad que el camino nos exige toda nuestra atención y nos envuelve, pero eso no nos debe impedir dedicarnos algunos momentos…

También es verdad que en el exterior hallamos algunas respuestas, aunque es más cierto que es dentro donde están todas las preguntas.

Procúrate siempre a los mejores compañeros para emprender el camino…

No olvides llevar sólo lo imprescindible en tu equipaje…

Y comiénzalo con todas las ganas del mundo.

Descubre nuevas sendas y muestralas al resto del mundo…

Entrega siempre lo mejor de ti, porque eso te hará más noble y más grande, pero sobre todo porque es tu condición natural…

Haz de tu interior tu mejor fortaleza, sin que ello te suponga aislarte de la realidad.

Hazte acompañar de sinceridad, con tus amigos, con las ideas y contigo.

Procura abrirte a cualquier otra forma de conocimiento y a valorar lo que te dicen los demás.

Ama al medio, respétalo y cuídalo como si de una parte más de tu cuerpo se tratase…

Y no hagas de ello un motivo para reclamar ningún premio, el premio es poder hacerlo.

Sueña cada noche, para que tras cada amanecer puedas realizar tus sueños…

Aprovecha cada segundo para que el próximo sea más intenso…
Descubre en el rincón más pequeño el lugar más grande del universo.

Textos: Ricardo Soti

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Posiblemente un día…
no sé dónde ni cuándo
tras de soñar contigo
despertaré llorando
 
Y en un lugar distinto
en otra madrugada
tú buscarás el rastro
de mi perfume en tu almohada
 
Y tú también llorarás…
por lo que no pudo ser
por el torrente de amor
que así desperdiciamos
 
Te volverás a sentir
adolescente otra vez
ancioso para llegar
a tiempo a nuestra cita
 
Posiblemente un día
nos arrepentiremos
quiera Dios y sus caminos
que no tienen regreso
 
Y yo estoy convencido
que llegará ese día
porque hay tantos recuerdos
que duelen todavía…
 
Y tú también llorarás
por lo que no pudo ser
por las palabras de amor
que nunca nos dijimos
 
Te volverás a sentir
adolecente otra vez
pero jamás llegarás
a tiempo a nuestra cita
es demasiado tarde….
 
 
 

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Cuentan que una bella princesa estaba buscando consorte. Aristócratas y adinerados señores habían llegado de todas partes para ofrecer sus maravillosos regalos. Joyas, tierras, ejércitos y tronos conformaban los obsequios para conquistar a tan especial criatura. Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo, que no tenía más riquezas que amor y perseverancia. Cuando llegó el momento de hablar, dijo: “Princesa, te he amado con toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor… Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas… Esa es mi dote…” La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar: “Tendrás tu oportunidad: si pasas la prueba, me desposarás”. Así pasaron las horas y los días. El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañar, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un momento. De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble gesto y una sonrisa, aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravillas. Incluso algunos optimistas habían comenzado a planear los festejos. Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona habían salido a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, hasta que de pronto, cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la infanta, el joven se levantó y sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar. Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa: “¿Qué fue lo que te ocurrió?… Estabas a un paso de la meta… ¿Por qué perdiste esa oportunidad?… ¿Por qué te retiraste?…” Con profunda consternación y algunas lágrimas mal disimuladas, contestó en voz baja: “No me ahorró ni un día de sufrimiento… Ni siquiera una hora… No merecía mi amor…

El merecimiento no siempre es egolatría, sino dignidad. Cuando damos lo mejor de nosotros mismos a otra persona, cuando decidimos compartir la vida, cuando abrimos nuestro corazón de par en par y desnudamos el alma hasta el último rincón, cuando perdemos la vergüenza, cuando los secretos dejan de serlo, al menos merecemos comprensión. Que se menosprecie, ignore o desconozca fríamente el amor que regalamos a manos llenas es desconsideración o, en el mejor de los casos, ligereza. Cuando amamos a alguien que además de no correspondernos desprecia nuestro amor y nos hiere, estamos en el lugar equivocado. Esa persona no se hace merecedora del afecto que le prodigamos. La cosa es clara: si no me siento bien recibido en algún lugar, empaco y me voy. Nadie se quedaría tratando de agradar y disculpándose por no ser como les gustaría que fuera.

No hay vuelta de hoja. En cualquier relación de pareja que tengas, no te merece quien no te ame, y menos aún, quien te lastime. Y si alguien te hiere reiteradamente sin “mala intención”, puede que te merezca pero no conviene.

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Preparando el cambio

Ha llegado el momento de empezar a efectuar los cambios. Podríamos decir que este es justo el punto que la mayoría teme. Es en esta etapa del camino donde se manifiesta la resistencia al cambio. En donde se refleja nuestro temor a dejar nuestras viejas creencias.

Muchas veces este temor al cambio se manifiesta por medio del enojo, cada que se toca una fibra sensible salta el enojo como defensa, como escudo. Cada vez que alguien menciona algo en lo que no estas de acuerdo te enojas tratándolo de convencer de que tus ideas son "las perfectas".

Efectuar este tipo de cambios no es tan fácil ni se logra de la noche a la mañana, es todo un proceso, en donde se requiere tener la mente abierta para percibir que es lo que está mal, y tener la voluntad de cambiarlo, siempre, porque nunca dejamos de aprender ni de cambiar, es parte de nuestro proceso evolutivo.

Aseo interior

Cuando decidimos hacer limpieza general en nuestra casa, podemos decidir que hay muchas cosas que arreglar.

Sacudimos todo para quitar el polvo, ahí descubrimos que la mayoría de nuestras pertenencias están en buen estado y con sacudirlas o lavarlas quedarán bien. Otras necesitarán reparación porque tal vez estarán rotas pero siguen siendo necesarias. Descubriremos que tenemos muchas cosas guardadas que habrá que sacarlas para tirarlas, ya que no las necesitaremos más.

La limpieza en nuestra casa puede llevar un poco de tiempo, al principio, mientras sacamos las cosas viejas, pudiera ser que queda más desordenada de lo que estaba, pero conforme vamos haciendo la selección de las cosas que tiraremos y las que conservaremos, te darás cuenta que todo vuelve a su sitio original y que tu casa lucirá con más espacio que antes… más libre. Este día de limpieza se hace con gusto, de ninguna manera te enojas cada vez que tiras algo a la basura ¿verdad?, al contrario, te está liberando de estorbos.

Lo mismo sucede dentro de nosotros, una "sacudidita" a nuestros pensamientos y creencias nos servirá para empezar a quitar capa por capa lo que nos daña hasta encontrar el fondo.

Después debemos empezar el proceso de selección ¿qué te sirve y que te estorba? ¿qué creencias te fueron útiles cuando fuiste niño pero son limitantes ahora?, una vez que las hayas localizado habrá que desecharlas, ya no necesitamos guardarlas más.
Igual que con el aseo de tu casa, estos cambios parecerán que han provocado un desorden mayor, puede que te sientas un poco mal, tal vez algunas manifestaciones en tu cuerpo como dolor de espalda, de cuello o algunas depresiones. Esto es normal ya que se remueven cosas del subconsciente que no tenemos presentes o previstas. Es como cuando alguien deja de fumar, seguramente le atacara una gripe continua en mucho tiempo, esta persona tiene que desintoxicarse, sacar lo que le daña para después curarse.

Estos cambios son una revolución interna que terminarán con manifestar la armonía en todos los aspectos de tu vida.

Cuando sientas que quieres dejar las cosas tal y como están porque "la gente no cambia", repite la siguiente afirmación durante todo el día: "Estoy dispuesto a cambiar". Si puedes hacerlo frente a un espejo mucho mejor. El poder que se ejerce es tal que es posible acelerar el aprendizaje de los nuevos patrones mentales.

¿Por donde empezar?

Hay 3 enfoques en donde se pueden efectuar los cambios directamente, el enfoque espiritual, mental y el físico. No hay una regla establecida ni un orden que seguir. Basta con iniciar el cambio en cualquiera de estas áreas para que se refleje en las demás. Elige la que más te atraiga e inicia ahí. Por ejemplo a nivel espiritual puedes elegir las oraciones, a nivel mental la meditación o a nivel físico una dieta naturista. Cualquier enfoque que elijas está bien, si optas por la meditación, se activarán zonas en tu cerebro que harán que te sientas atraído por las oraciones y por una alimentación más sana, dejarás de fumar, y te gustará mantener tu casa limpia y ordenada. Todo está conectado, así que empieza de la manera que te haga más feliz.

¡Disfruta de este cambio!

Resistencia al Cambio

La resistencia al cambio es algo normal en este proceso, todos deseamos tener una vida mejor, pero la creación de esta nueva vida no es sencillo, requiere de tiempo, paciencia y mucha apertura por parte de nosotros.

Este es el momento de enfrentarnos con nuestra realidad y sobre todo de responsabilizarnos de ello. Ya no podemos culpar a la gente o a nuestra mala suerte del estado en el que nos encontramos. Solo nosotros tenemos el poder de hacernos el bien o el mal, de avanzar o quedarnos estancados, somos nosotros los que gobernamos nuestros sentimientos, emociones y pensamientos, así que solo nosotros podemos hacer los cambios, para empezar a crearnos una realidad diferente.

El primer paso para cambiar es nuestro deseo de hacerlo, nuestra decisión y voluntad.
Después será el conocimiento de lo que tenemos que cambiar, en este paso podemos ver nuestros defectos de muchas maneras, puede ser que algo nos ha molestado o limitado desde siempre y es evidente en nosotros. También puede ser que lo veamos reflejado en la gente que está a nuestro alrededor, tal vez criticas a tu amiga por ser mentirosa y si analizas un poco, tal vez tu también recurras a la mentira continuamente.
Empiezan las coincidencias, y podemos ver temas, libros o gente, que pueden ayudarnos a disolver nuestro problema.

Podemos reaccionar de muchas maneras ante esta situación, el resistirnos a cambiar se puede ver reflejado en actitudes como:

Cambiar el tema de conversación, enojarte, fumar, hacer algo para mantenerte entretenido, perder el tiempo, no terminar de leer un libro de auto-ayuda, etc.
Las siguientes son algunas reacciones, de muchas, que denotan la evasión del tema, también hay otras reacciones que se ven reflejadas en algunas frases, tales como:
Es demasiado caro, es mucho trabajo, no le tengo fe, si no cambian ellos tampoco yo, yo soy así, no puedo faltar a mi trabajo, va contra mi religión y mi filosofía, soy demasiado viejo, no tengo tiempo ahora pero lo haré después, yo estoy bien, son ellos los que están mal, ¿Qué pensarían los vecinos?, si expreso mis sentimientos me lastimarán.

La lista es interminable, todos los pretextos para no cambiar son aplicables a nuestra resistencia. No hay razón para no hacerlo, siempre hay alternativas para cambiar, sin gastar dinero, sin invertir todo tu tiempo, el verdadero cambio está en nuestra conciencia y es un proceso que se da mientras sigues desempeñando todas funciones, todas tus labores… mientras sigue el curso de la vida.

 

Fuente: Formarse.com.ar

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Dejar ir…soltar…

DEJAR IR…SOLTAR
 
"Cuentan que había una caravana en el desierto.
Al caer la noche la caravana se detiene. El muchachito encargado de los camellos se acerca al guía de la
caravana y le dice:
– Tenemos un problema, tenemos 20 camellos y 19 cuerdas, así que ¿Cómo hacemos?
Él le dice:
-Bueno, los camellos son bastantes bobos, en realidad, no son muy lúcidos, así que andá al lado del camello que falta y hacé como que lo atas. Él se va a creer que lo estás atando y se va a quedar quieto.
Un poco desconfiado el chico va y hace como que lo ata y el camello en efecto se queda ahí, paradito, como si estuviera atado.
A la mañana siguiente, cuando se levantan, el cuidador cuenta los camellos y están los veinte.
Los mercaderes cargan todo y la caravana retoma el camino.
Todos los camellos avanzan en fila hacia la ciudad, todos menos uno que queda ahí.
– Jefe, hay un camello que no sigue a la caravana.
– ¿es el que no ataste ayer porque no tenías soga?
– Sí, ¿cómo sabe?
– No importa. Andá y hacé como que lo desatas, porque si no va a seguir creyendo que está atado y si lo sigue creyendo no empezará a caminar"

Seguir llorando aquello que no tengo me impide disfrutar esto que tengo ahora.
Aprender a enfrentarse con el tema de la pérdida es aceptar vivir el duelo, saber que aquello que era es aquello que era y que ya no es más o por lo menos que ya no es lo mismo que era.
De hecho nunca es lo mismo.
Cuando yo me doy cuenta de que algo ha muerto, de que algo está terminado, ese es un buen momento para soltar.
Cuando ya no sirve, cuando ya no cumple, cuando ya no es, es tiempo de soltar.
Lo que seguro no voy a hacer, si te amo de verdad, es querer retenerte.
Lo que seguro no voy a hacer es tratar de engancharte, si es de verdad que te amo.
¿Te amo a vos, o amo la comodidad de que estés al lado mío? ¿estoy relacionado con vos, individuo, persona? , o ¿estoy relacionado con mi idea de que ya te encontré y no quiero salir a buscar más a nadie?.
No te atrapo, no te agarro, no te aferro, no te aprisiono. Y no te dejo ir porque no me importe, te dejo ir porque me importa.
Sí, hay miles de parejas que antes de encontrarse debieron separarse, y otras que se separaron y nunca se volvieron a encontrar y hay miles más que no se separaron nunca y vivieron estropeándose la vida para siempre, y hay toda la serie de variaciones que se te ocurran.
Basta que uno de los dos sienta que se terminó, que ya no quiere más, que no tiene emoción, que se acabó el deseo, basta que uno sostenga que agotó todos los recursos pero no le pasa nada, basta eso para saber que no hay mucho para rescatar.
Si hay deseo, si se quieren, si se aman, si les importa cada uno del otro, si creen que hay algo que se pueda hacer, aunque no sepan qué, los problemas se pueden resolver (mejor dicho se pueden intentar).
Pero si para alguno de los dos verdadera y definitivamente se terminó, se terminó para ambos y ya no hay nada más para hacer. Por lo menos en esta vuelta de la calesita.
Quizás en la próxima te saques la sortija montada en el mismo pony porque en esta vuelta no hay más premios para repartir.
Y entonces habrá que decirle al que ama: Tengo malas noticias para vos. Lo siento, se terminó…
¿Y ahora? No lo sé. Seguramente duela. Pero te puedo garantizar que no te vas a morir. Si no te aferrás no te vas a morir. Si no pretendes retener no te vas a morir.
Salvo, que vos creas que te vas a morir.

Moraleja …
Cuando uno de los miembros de la pareja deja de amar y decide alejarse hay una persona que siente un gran dolor, y que siente el peso de la pérdida de una manera diferente.
Esta persona es la que sigue amando, la que no puede comprender o, que si bien comprende lo que sucede no lo entiende o se niega.
De pronto debe asumir su vida, su pena, y elaborar el duelo.
Es ahí cuando empezamos a comprender que a veces no podemos tener todo lo que queremos, y que la vida, o el mundo no era como lo imaginamos.
Soñamos con una vida en pareja, siempre sintiéndonos amados y amando, en terminar nuestra vida al lado de la persona amada, y así de sueño en sueño un día nos despertamos ante esa realidad: Ya no nos aman.
Nos llenamos de preguntas sin respuestas: ¿por qué? ¿cuándo?
Amar implica correr ese riesgo, y cuando se ama de verdad se sufre. Ante la pérdida debemos tratar de elaborar el duelo, y poco a poco lograr separarnos de lo que ya no está.
Si no aprendemos a soltar, si no dejamos ir, si el apego puede más que nosotros y nos quedamos ahí atados, pegados a esos sueños, a esas fantasías, a esas ilusiones, el dolor crecerá sin parar y día a día nuestra tristeza, y nuestro sufrimiento serán los compañeros de ruta, de una ruta hacia la depresión, la falta de incentivo, la falta de vida.
Cuesta soltar aquello que amamos, duele sentir que ya no somos amados pero en ese dolor estamos creciendo y madurando y si aprendemos a soltar estamos dejando atrás una parte de nuestra historia y empezamos a abrirnos a lo diferente, a lo desconocido.
Dejar ir esa es la clave, no es fácil, no es simple: Duele…

y como dice Bucay:
" A mi me parece que la vivencia normal de una pérdida tiene que ver justamente con animarse a vivir los duelos, con permitirse padecer el dolor como parte del camino. Y digo dolor y no el sufrimiento, porque sufrir es resignarse a quedarse amorosamente apegado a la pena…
Quiero poder abrir la mano y soltar lo que hoy ya no está, lo que hoy ya no sirve, lo que hoy no es para mí, lo que hoy no me pertenece. No quiero retenerte, no quiero que te quedes conmigo porque yo no te dejo ir.
No quiero que hagas nada para quedarte más allá de lo que quieras. Mientras yo deje la puerta abierta voy a saber que estás acá porque te queres quedar, porque si te quisieras ir ya te habrías ido…"

 

Del libro: "El Camino de las lágrimas"- Jorge Bucay

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"Atesora por sobre todo el amor que recibes. Seguirá viviendo cuando tu oro y tu buena salud se hayan desvanecido".

Og Mandino

Permitirse llorar no es fácil. Nos han educado para ser fuertes, ser árboles de pie ante las  adversidades de la vida.

Muchas veces sentimos angustia, el pecho dolorido ante tantas presiones y seguimos caminando, no nos detenemos a llorar: "debes ser fuerte…", "llorar es de los débiles…", "los hombres no lloran…", "llorar es sinónimo de debilidad…" Tantas frases hemos escuchado en nuestra infancia, en nuestra juventud que ante el dolor, la pérdida, las injusticias, el fracaso no nos permitimos llorar y agobiados ante tantas presiones y exigencias en esos pequeños instantes íntimos, "nuestros", nos dejamos llevar y las lágrimas que ahogaban nuestro ser empiezan a brotar…

Sufrir la pérdida de ciertas cosas es inherente a la vida del ser humano. Muchas veces las cosas que perdemos o que se rompen en nuestras vidas son irreemplazables y ni siquiera nosotros mismos podemos repararlas. Los que nos quieren muchas veces pueden ayudarnos a aliviar nuestro dolor y a soportar las pérdidas.

Cuando somos padres, tratamos de demostrar que somos fuertes a nuestros hijos, que nada nos quiebra, que nada nos duele ya que tememos dañarlos con nuestras debilidades, con nuestras lágrimas y ¡qué equivocados estamos…! Ellos saben de nuestras tristezas y de nuestras alegrías, sólo con mirarnos, con abrazarnos, con acariciarnos perciben nuestro dolor.

No pidamos permiso para llorar… si sentimos que no podemos contener nuestras lágrimas,  si sentimos que el corazón nos duele: lloremos… No tenemos que ser fuertes todo el tiempo, toda la vida… Debemos permitirnos ser débiles y dejar que nuestros sentimientos salgan…

Hoy recuerdo una frase que quedó grabada en mi y que dice todo con pocas palabras: "Si nunca encaras tu pena, y dejas de reír para llorar, nunca conocerás la dicha del que deja de llorar para reír"

 

Reflexión: Graciela Heger A

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Hoy particularmente amanecí triste, con pena, con ganas de llorar y sin un motivo aparante….sí ya sé que dicen que las mujeres somos así, medio hormonales para nuestras cosas, pero hoy siento que esto es más que hormonas revolucionadas.  Es como si tuviese todos mis sentimientos a flor de piel dispuestos a salir.
 
Tal vez sea la consecuencia de leer tantos libros de autoayuda o de mis terapias con el psicologo….pero hoy dejaré de luchar contra lo que siento y simplemente dejaré fluir todo lo que llevo guardado aquí dentro.
 
Es una extraña sensación, me siento varada en el medio del camino. Sin saber muy bien que hacer.
 
Hoy necesito un abrazo, hoy necesito un "te quiero" salido del alma, hoy necesito….no sé bien qué necesito…
 
 
 

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