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Archive for 27 noviembre 2006

EL PORQUE LAS MUJERES AMAN DEMASIADO A UN HOMBRE:

Las niñas que no tuvieron padres amorosos que les proporcionaron seguridad y afecto, buscan hombres a los cuales con amor puedan cambiar, como hubiesen querido que cambiaran sus padres.

Inconscientemente, desean resolver en el presente lo que no pudieron resolver de pequeñas.

Insisten e insisten y no se dan por vencidas hasta que se cansan de sufrir y tocan un fondo, donde se convencen que las que deben cambiar son ellas, que esa etapa pertenece al pasado y que de seguir por ese camino van rumbo al fracaso emocional y deterioro físico.

Y como al codependiente, también inconcientemente, le gusta sufrir, seguiran, hasta que toquen su fondo y no les queden ganas de sufrir y obtengan el valor para cambiar.

En los grupos de autoayuda, esta forma inconciente de sufrir, se hace consciente y con ayuda del grupo, se puede cambiar.

Valor para cambiar.

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El hecho de que los hombres que más nos atraen son aquellos que más ayuda parecen necesitar se explica si comprendemos que el origen de la atracción es nuestro propio deseo de ser amadas y ayudadas

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Aceptamos amor

Muchos de nosotros hemos trabajado demasiado para hacer que las

relaciones funcionen; algunas veces esas relaciones no tenían

oportunidad porque la otra persona no estaba disponible o se rehusó

a participar.

Para compensar la falta de disponibilidad de la otra persona

trabajamos demasiado duro. Podemos haber hecho todo el trabajo o la

mayor parte. Esto podrá enmascarar la situación por un rato, pero

por lo general nos cansamos. Luego, cuando dejamos de hacer todo el

trabajo, nos damos cuenta de que no hay relación, o ya estamos tan

cansados que no nos importa.

Hacer uno todo el trabajo en una relación no es amar, dar o tener

interés. Es una conducta autoderrotista y contraproducente para la

relación. Crea la ilusión de una relación cuando de hecho puede no

haber ninguna. Le permite a la otra persona ser irresponsable acerca

de la parte que le toca. Como eso no satisface nuestras necesidades,

finalmente nos sentimos victimados.

En nuestras mejores relaciones, todos tenemos periodos temporales en

los que una persona participa más que la otra. Esto es normal. Pero

cuando es una manera permanente de participar en las relaciones, nos

deja sintiéndonos cansados, desgastados, necesitados y enojados.

Podemos aprender a participar en una cantidad razonable y luego

dejar que la relación encuentre su propia vida. ¿Somos nosotros los

que siempre llamamos? ¿Somos los que siempre iniciamos? ¿Somos los

únicos que damos? ¿Somos el que hablamos de los sentimientos y se

esfuerza por lograr la intimidad?.

¿Somos el único que espera, que tiene esperanzas, que trabaja?

Podemos dejarlo ir. Si la relación se va a dar, se dará y se

convertirá en lo que estaba destinada a convertirse. No ayudamos a

ese proceso tratando de controlarlo. No nos ayudamos a nosotros

mismos, a la otra persona o a la relación tratando de forzarla o

haciendo todo el trabajo.

Déjala estar. Espera y ve. Deja de preocuparte por hacer que ésta se

dé. Ve qué sucede y esfuérzate en  comprender si eso es lo que

quieres.

 

Hoy dejaré de hacer todo el trabajo en mis relaciones. Me daré a mí

mismo y a la otra persona la facultad de exigir que ambos

participemos. Aceptaré el nivel natural que alcancen mis relaciones

cuando yo haga mi parte y le permita a la otra persona elegir la

suya.

Puedo confiar en que mis relaciones alcanzarán su propio nivel. Yo no

tengo que hacer todo el trabajo; lo único que necesito es hacer la

parte que me toca.

 

Del libro "El lenguaje del ádios" Melody Beattie

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