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Archive for 23 abril 2007

 
 
¿Por qué a mí?, ¿Por qué esto?, ¿Por qué ahora?, ¿Quién de nosotros no se ha visto impulsado, en tiempos difíciles, a exigir respuestas a estas preguntas?.
Analizamos nuestro corazón. Interpelamos a la vida. Despotricamos contra Dios. Protestamos ante quien quiera escucharnos.
Y las respuestas que obtenemos, vagos paliativos generalziados que no se aproximan en absoluto a nuestro dolor y nuestra fustración personal, suenan vacuas, impersonales y hasta enfurecedoras.
"El tiempo lo cura todo".
"Ahora estás alterado, pero ya lo superarás".
"Es la voluntad de Dios y hay que aceptarla".
"Es el destino".
"Son cosas que pasan".
Tal vez el consejo más difícil de seguir, cuando nos abruma una dificultad, es: "Trata de no pensar mucho en eso.  Pensando en ello no consigues sino sentirte peor".
Palabras ofrecidas por amigos bienintencionados, inermes ante nuestra aflicción, que nos dejan varados e inquietos en los bajíos de lo que ha salido mal, muy mal.
Nos arrastramos con fatiga por los dolorosos detalles de nuestra vida que hasta que, al fin, acabamos por descrubir que el tiempo cura muchas cosas, después de todo, aunque el dolor y el sufrimiento nos hayan dejado profundas e indelebles huellas en el corazón.
Aún así, las preguntas que una vez formulamos, en silencio o a gritos, permanecen sin respuesta.
Cuando llegan momentos más felices se esfuma nuestra necesidad de respuesta…hasta que volvemos a enfrentarnos a la adversidad.
 
Extraido del libro ¿Por qué a mi?, ¿Por que esto?, ¿Por qué Ahora? de Robin Norwood
 
 

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Esto me lo robe de un grupo al cual pertenezco (otra vez…jijijiji), pero lo encontré tan interesante que no pude evitar traerle a este mi espacio para compartirlo con todos ustedes.
 
 
 

Hola, chicos y chicas. Al habla el Ogro.
 
Joder, parece que de tanto en tanto hago lo mismo… cuando día tras día entro al foro y me veo los casos de siempre, no puedo resistir a la tentación de intervenir. Bueno, así somos. Pero también las conductas de siempre. Ahí estamos todos como una panda de alcohólicos -en este caso sería afectólicos (coño, qué palabros me invento), llorando porque nos den nuestra droga. Unos resistiendo más a las tentaciones, otros menos. "Caí y le llamé" "Llevo dos semanas sin llamarle" "llevo tres meses de mi nueva vida".
 
Pero cariños mios, es que ya nadie lee los anexos? Es que ya nadie lee lo mucho que escribimos los más viejos del lugar en este foro? Es que nadie se acuerda de lo que decían Jorge Castelló y otros?
 
"La dependencia emocional es la necesidad afectiva extrema que una persona siente hacia otra a lo largo de sus diferentes relaciones de pareja. No obstante, su carácter crónico no se basa en la sucesión de dichas relaciones sino en la personalidad de estos sujetos; es decir, el dependiente emocional lo es también cuando no tiene pareja, aunque esto no sea lo más habitual porque su patología provoca que busque otra desesperadamente". (Castelló).
 
Y no os dais cuenta de que en la mayoría de los casos, ese amor que decimos sentir por nuestras lamentables parejas, ni es amor ni nada que se le parezca? Joder, si los tenemos fritos; nada menos que obligándoles a querernos si no nos quieren. Lo que deseamos es tenerlos CONTROLADOS. Sí, si, CONQUISTADOS.  Nos sentimos triunfantes cuando lo logramos, y fracasados y hechos mierda cuando logramos retenerlos… Bueno, aunque sólo sea hasta su proxima huída de nosotros. Meteros esto en la cabecita. Cuando pienses "es que le quiero tanto", sustituyelo mentalmente por "es que quiero tenerle a mis pies, bajo mi entero control". Y claro, cuanto más dificil de conquistar sea el tipo o la tipa, pues más emoción, mas triunfo. Y si nadie lo ha logrado hasta entonces… bueno, ni te cuento. La bomba!.
 
Y por qué nos emperramos tanto? Leamos lo que dice Alejandro Ariza.
 
"Analicemos un vago y común ejemplo. Cuando queremos demasiado a alguien y se lo demostramos con hechos y con palabras, y ese alguien no nos llama ni nos busca en absoluto… ¿no está quedando claro ya el mensaje desde ahí! Por la necedad de nuestro ego en querer ver solo lo que queremos ver, de inmediato surge la necesidad de hablarle a esa persona para preguntarle si nos quiere o no, como si sólo las palabras comunicaran el mensaje. ¡Los actos comunican con más fuerza y con más veracidad! Pero no los queremos ver. Son muy dolorosos para observarlos. Rompen nuestra expectativa y en lugar de sanarnos con la verdad, elegimos seguir enfermando nuestra alma queriendo ver una ilusión de óptica fabricada por nosotros mismos. Esta es una de las razones por las cuales los terapeutas seguimos teniendo mucho trabajo. Si alguien a quien buscas con amor no te ha hablado en mucho tiempo y tu te preguntas si te quiere o no…, con sus actos ¡ya te lo dijo!, y quizá desde hace mucho tiempo. No hay mucho que investigar, pero no hay mucho que investigar tan solo si quieres vivir en la verdad. De lo contrario, habrá mucho que indagar, ya que en la mentira nunca se llega a nada que te de la sensación de haber concluido. Cuando se maneja la mentira, al final de la conversación siempre queda ese resquemor que nos hace sentir que algo falta por aclarar, y así, las conversaciones de un mismo punto pueden alargarse por años"
 
Y si a pesar de todo, insistimos tanto y nos ponemos tan pesados que al final la otra parte cede?
 
"Aprende algo: cuando alguien te diga: “…está bien. Tienes razón. Haré un esfuerzo por cambiar y haré lo que tú quieres”. Yo te pregunto: ¿Qué caso tiene ese cambio si no es natural, si no surgió “auténticamente” de esa persona, si está haciendo un esfuerzo porque va en contra de su naturaleza? Está actuando por darte gusto. Muy valioso de su parte el que quiera darte gusto, pero… está actuando en contra de sí mismo y así no puede durar mucho tiempo. No es él, no es ella. Tú sigues teniendo el poder para elegir: o te quedas con la verdad, o te quedas con la falsedad pero que tanto te acomoda. Al principio, esto puede sonar muy fuerte y confrontante, pero con el paso del tiempo, con tu evolución espiritual, esto mismo resulta tan extraordinariamente liberador. Saber la verdad libera, quererla saber dignifica".
 
Y claro, al engancharnos, la jodimos. Adios al amor. Si algo había, se convierte casi por completo en rabia e impotencia
 

"Se ha descubierto que el dependiente escoge serlo, pero acumula mucho enojo, resentimientos contra la persona que depende. El enojo acumulado, además de que incapacita o paraliza a la persona cuando no se llenan sus expectativas, no sólo la debilita emocionalmente, sino a veces también a una debilidad física, resultado de la tremenda frustración que vive. De aquí provienen muchas úlceras, fatiga, insomnio, hipertensión, estrés, depresión, etc. El enojo reprimido parece no existir, pero ahí está agazapado detrás de una cara indiferente o una sonrisa estudiada. La negación del resentimiento es un alimento para la depresión. El enojo y el resentimiento pueden estar guardados por años, quizá hasta parezca que han desaparecido; pero señales de que existen dan la voz de alarma, tales como sentimientos de desilusión y sensación de ser dejados a un lado, subidas y bajadas de peso sin razón aparente, dolores y enfermedades crónicas, evasión de relaciones con parientes y amigos, sensación de pérdida, etc.

Lo peor de todo es que sólo existen esos sentimientos negativos, sino que los sentimientos positivos como el gozo y el amor, son aplastados por los primeros. El enojo hace que el compartir la intimidad y el abrirnos se vuelvan cada vez más difíciles. Nos torna solitarios, extraños, rechazantes, desconfiados y resentidos"

 
Así nos convertimos en esas personas maravillosas… joder, para salir corriendo lejos de nosotros a toda la velocidad que le permitan al otro/a sus cortas patitas.
 
Y por qué carajos somos así?? Eh?? Por que??
 

"Las personas que no fueron amadas durante la infancia tropiezan con dificultades a la hora de amarse a través de los ojos del otro. Si no lo consiguen, siguen experimentándose a sí mismas comos seres no amados, aún cuando sí sean amados.

La heridas cerradas y cicatrizadas habían vuelto a abrirse y empezaban a sangrar de nuevo; la herida de los que no son amados no había muerto en su interior. Y no morirá mientras viva.

Con frecuencia, las personas no amadas, en el sentido psicológico, son amadas y aceptadas igual que otras personas en la actualidad. La sensación de no ser amado, aunque la realidad misma lo desmienta, indica, mientras dura, la existencia de la sensación de no ser capaz de amar.

El amor de los padres no puede forzarse. Con frecuencia, si ha faltado este amor, la hija o el hijo se esfuerza durante toda la vida por granjeárselo, no sólo con los padres naturales, que tal vez ya llevan tiempo muertos, sino de todas las personas cercanas a él. Así pues , él o ella, sigue siendo un niño dependiente y así obstaculiza su evolución. La herida de los no amados no puede sanar, a menos que exista la renuncia al amor paterno tardío. Esa renúncia surge de la comprensión de las circunstancias hasta el momento inconscientes.

La falta de amor paterno, por distinta que fuera en cada caso, surte un efecto común en el niño, que es la falta de autoestima y de confianza en sí mismo. Por ejemplo el "niño" adulto débil y necesitado de apoyo, es aquel al que sus padres no aceptaban como un ser íntegro, lo cual constituye un indicio de la falta de amor.

Es precisamente la persona no amada que se siente débil la que con mayor urgencia debe renunciar al amor paterno tardío, ya que consume demasiada energía en este anhelo desesperado"

La incapacidad de renunciar al amor de los padres puede conducir a la depresión".

Punto. Y ya lo dejo por hoy, porque llega el amanecer y estoy que me muero de sueño. Ojalá este simple recordatorio mio os pueda ayudar a algunos. Sé que es duro, pero hay que joderse y tragarlo, porque es la puta realidad.

 

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Miento – Soraya

 
 
Te conozco mas que nadie
cada esquina de tu ser
Aun no es tan fácil
empezar a comprender
Para ti fue algo obvio
Me ahogue en mi penar
Me cerraste como un libro
Te dije lo que querías escuchar
Prometí no llorar
Sonreí para disimular
Pero en verdad cada vez
Que pienso en ti vuelvo a caer
Miento sin parar
Miento al soñar
Miento con la fuerza de un tren al pasar
Miento por tus besos
Miento en mi respirar
Miento para engañarme
Miento para olvidar
El comienzo es siempre dulce
hay tanto para saborear
La despedida nos traiciona
un corazón se queda atrás
¿Cuando llueve te hago falta
O me has podio remplazar?
Sigo fiel a la esperanza
Que un día la vida te hará regresar
Prometí no llorar
Sonreí para disimular
Pero en verdad cada vez
Que pienso en ti vuelvo a caer
Miento sin parar
Miento al soñar
Miento con la fuerza de un tren al pasar
Miento por tus besos
Miento en mi respirar
Miento para engañarme
Miento para olvidar.

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Nuestra felicidad no es un regalo que otra persona lleve en sus manos.
Nuestro bienestar no lo guarda otro que nos lo da o nos lo quita a capricho.
Si salimos y tratamos de forzar a alguien a que nos dé lo que creemos que guarda, nos decepcionaremos.
Descubriremos que eso es una ilusión.
La persona no lo tenía. Nunca lo tendrá.
Esa caja bellamente envuelta con un listón que creíamos que contenía nuestra felicidad
 y que alguien llevaba en sus manos, ¡es una ilusión!
En aquellos momentos en que estamos tratando de salir y de forzar a alguien a que cese nuestro dolor y cree nuestra felicidad, si nos armamos de valor para dejar de andar por ahí azotándonos y nos ponemos de pie y manejamos nuestros asuntos,
encontraremos nuestra felicidad.
Es cierto que si alguien nos pisa el pie, esa persona nos está lastimando
y por lo tanto tiene el poder de hacer que cese nuestro dolor quitando su pie de encima.
Pero el dolor sigue siendo nuestro.
Y también lo es la responsabilidad de decirle a alguien que deje de pisarnos los pies.
La curación vendrá cuando estemos conscientes de cómo intentamos
utilizar a los demás para que hagan cesar nuestro dolor y creen nuestra felicidad.
Nos curaremos del pasado.
Recibiremos percepciones que pueden cambiar el curso de nuestras relaciones.
Veremos que, todo el tiempo, nuestra felicidad y nuestro bienestar han estado en nuestras manos.
 Nosotros hemos guardado esa caja.
A nosotros nos toca abrirla y tener el contenido.
 
Dios mío, ayúdame a recordar que yo tengo la llave de mi propia felicidad.
Dame el valor para ponerme de pie y lidiar con mis propios sentimientos.
Dame las percepciones que necesito para mejorar mis relaciones.
Ayúdame a dejar de bailar el baile codependiente y a empezar a bailar el baile de la recuperación.

 

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Un corazón libre

 
 
 
Un corazón libre es la mejor compañía para un alma en paz.

Un corazón libre es aquel que no se aferra a su propio modo de hacer las cosas, que no se impacienta cuando las cosas no suceden como quiere.

Un corazón libre sabrá seguramente gozar de los consuelos espirituales pero no depende de ellos; y aceptará, al máximo de su capacidad, los problemas que se le presenten en lugar de los consuelos.

Un corazón libre no se ata tanto a planes y modos de orar, como para que
cualquier cambio lo turbe y le cause ansiedad.

Un corazón libre no se apega a lo que él puede controlar.

Un corazón libre ruega a Dios que su nombre sea santificado, que venga su
reino, que se haga su voluntad así en la tierra como en el cielo.

Porque si el nombre de Dios es santificado, si viene a nosotros su reino, si se hace su voluntad, un espíritu libre no necesita interesarse por ninguna otra cosa.

San Francisco de Sales

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En algún lugar del gran muro inconcluso está la puerta,
aquella que no abriste
y que arroja su sombra de guardiana implacable en el revés de todo tu destino.
Es tan sólo una puerta clausurada en nombre del azar,
pero tiene el color de la inclemencia
y semeja una lápida donde se inscribe a cada paso lo imposible.
Acaso ahora cruja con una melodía incomparable contra el oído contra el oído de tu ayer,
acaso resplandezca como un ídolo de oro bruñido por las cenizas del adiós,
acaso cada noche esté a punto de abrirse en la pared final del mismo sueño
y midas su poder contra tus ligaduras como un desdichado Ulises.
Es tan sólo un engaño,
una fabulación del viento entre los intersticios de una historia baldía,
refracciones falaces que surgen del olvido cuando lo roza la nostalgia.
Esa puerta no se abre hacia ningún retorno;
no guarda ningún molde intacto bajo el pálido rayo de la ausencia.
No regreses entonces como quien al final de un viaje erróneo
—cada etapa un espejo equivocado que te sustrajo el mundo—
descubriera el lugar donde perdió la llave y trocó por un nombre confuso la consigna.
¿Acaso cada paso que diste no cambió, como en un ajedrez,
la relación secreta de las piezas que trazaron el mapa de toda la partida?
No te acerques entonces con tu ofrenda de tierras arrasadas,
con tu cofre de brasas convertidas en piedras de expiación;
no transformes tus otros precarios paraísos en páramos y exilios,
porque también, también serán un día el muro y la añoranza.
Esa puerta es sentencia de plomo; no es pregunta.
Si consigues pasar,
encontrarás detrás, una tras otra, las puertas que elegiste.

 

Autor Olga Orozco

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