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Archive for 27 mayo 2008

 
 
 
Una niña había pasado todo el día de compras con su mamá, cuando se disponían a abandonar el almacén, llovía a cántaros.
Todos nos quedamos frente a la puerta, resguardados de la lluvia.
Esperábamos, algunos con paciencia, y otros irritados porque la naturaleza les estaba estropeando su prisa rutinaria.
La voz de esta chiquita era muy dulce, y rompió mi trance hipnótico con esta inocente frase: ‘Mamá, corramos a través de la lluvia’.
‘¿Qué?’, dijo su mamá…  ‘Sí, mamá… Corramos a través de la lluvia’.
No, mi amor… Esperemos a que baje la lluvia’, contestó la mamá pacientemente…
La niña esperó otro minuto, y repitió: ‘Mamá, corramos a través de la lluvia’.
Y la mamá le dijo: ‘Pero si lo hacemos, nos empaparemos…’ ‘No, mamá, no nos mojaremos.
Eso no fue lo que le dijiste esta mañana a  papá…”
Tal fue la respuesta de la niña, mientras halaba el brazo de su madre…
 
‘¿Esta mañana? ¿Cuándo dije que podíamos correr a través de la lluvia, y no mojarnos?’
¿Ya no lo recuerdas? Cuando hablabas con papá acerca de su cáncer, le dijiste que si Dios 
 nos hace pasar a través de esto, puede hacernos pasar a través de cualquier cosa’.
La mamá se detuvo a pensar por un momento acerca de lo que debería responder.
Este era un momento crucial en la vida de esta joven criatura, un momento en el que la
inocencia y la confianza podían ser motivadas, de manera que algún día florecieran en una inquebrantable fe…
‘Amor, tienes toda la razón. Corramos a través de la lluvia. Y si Dios  permite que nos empapemos, puede ser
que Él sepa que necesitamos una lavadita’.  Y salieron corriendo…
 
Todos nos quedamos viéndolas, riéndonos mientras corrían por el estacionamiento, pisando todos los charcos.
Por supuesto que se empaparon, pero no fueron las únicas…
Las siguieron unos cuantos que reían como niños mientras corrían hacia sus carros. Sí, es cierto, yo también corrí.
Y sí, también me empapé… seguro Dios pensó que necesitaba una lavadita. Las circunstancias o las personas
pueden quitarnos nuestras posesiones materiales, pueden llevarse nuestro dinero, y pueden llevarse nuestra salud.
Pero nada ni nadie puede quitarnos nuestras más valiosas posesiones: LOS RECUERDOS.
Así que no olvides tomarte el tiempo y la oportunidad de llenarte de recuerdos cada día. Un amigo me envió esto para recordarme precisamente eso:  Cada memoria es un ladrillo que construye mi vida.
Espero que, de vez en cuando, te tomes tu tiempo para correr a través de la lluvia:
 
”TÓMATE TIEMPO PARA VIVIR Y DAR GRACIAS A DIOS POR EL HERMOSO TESORO DE ‘TU EXISTENCIA’
 
Anónimo
 
 
 
El águila sabe con bastante antelación que se acerca una tormenta. Se dirige a un lugar elevado y espera a que lleguen los vientos. Cuando llega la tormenta, coloca las alas de modo que el viento la levante por encima del temporal. De esa forma se remonta sobre la furia de los elementos.
      No tenemos por qué dejarnos vencer por las tempestades. Si fijamos los pensamientos en Dios, tenemos fe en Él y permitimos que Su poder nos eleve por encima de ellas, nos remontaremos sobre la borrasca.


      Los que esperan al Señor tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán (Isaías 40:31).

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Hoy en la oficina mis compañeras se pusieron melancólicas y se pusieron escuchar un viejo cd del dúo Argentino Pimpinela, que en los años 80 hacian furor por estos lados.
 
Me dio un poco de pena al escuchar esta canción que me recordo la etapa de mi vida en que me sentía un mueble más en lo que yo estupidamente llamaba "hogar", pero hoy los recuerdos ya no duelen como antes….poco a poco el dolor se va alejando para dejar solo una cicatriz que me recuerda mi promesa de nunca más volver a sentirme así.
 
Cariños a todos….
 
Patuca
 
 
 
El : Y ahora qué te falta que no quieres hablar,
no me puedes mirar,
Qué paso entre los dos que ha cambiado tu voz ?
Tu manera de ser, eres tan diferente, eres otra mujer,
Que yo siento en tu boca, tu cuerpo y tu pelo
Un muro de hielo, qué te hace falta hoy ?
Tienes ropa que lucir, no ?

Ella : Si…

El : Tienes comida en tu mesa, no ?

Ella : Si…

El : Si has vivido en un mundo común y sencillo
Y te he dado un castillo, qué te hace falta hoy…?

Ella : Me hace falta una flor, una flor, una flor,
Necesito una flor, una flor, una flor,
Que me haga sentir que estoy viva, que vibro,
Que amo y respiro, que aún existe el amor…
Me hace falta una flor, una flor, una flor,
Necesito una flor, una flor, una flor,
Que me haga soñar y olvidar la rutina
Del mundo en que vivo, que no ha muerto el amor…

El : Y ahora qué te falta,
fue tan grave mi error que no tengo perdón,
Qué te puedo ofrecer, qué deseas tener ?
Quieres que te compre dos alas, el viento, tal vez un avión ?
Yo te dejo tranquila y vivo encerrado en esa oficina,
Qué te hace falta hoy ?
Pasaste hambre o frío ?, di…

Ella : No…

El : He sido infiel yo contigo ?, di…

Ella : No…

El : Si es que a cada segundo,
minuto y hora te llaman "Señora"
Qué te hace falta hoy…?

Ella : Me hace falta una flor, una flor, una flor,
Necesito una flor, una flor, una flor,
Que me haga sentir que estoy viva, que vibro,
Que amo y respiro, que aún existe el amor…
Me hace falta una flor, una flor, una flor,
Necesito una flor, una flor, una flor,
Que me haga soñar y olvidar la rutina
Del mundo en que vivo, que no ha muerto el amor…
Tú me das lo que compra el dinero,
Pero jamás tu presencia, jamás un "Te quiero"…

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En ocasiones…

 
 
 

En ocasiones, todo nos parece carente de recursos.
 
En ocasiones, el reloj no se detiene o corre despacio.
 
En ocasiones, nos resulta la vida aburrida,
 
En ocasiones, todo lo vemos y sentimos en plan negativo .

En ocasiones, algo nos azota y hace encontrarnos mal,

En ocasiones, el día nos parece noche.

En ocasiones, los detalles parecen olvidados.

En ocasiones, nos sentimos tristes y solos.

En ocasiones, alguien parece traicionarnos.

En estos casos, me gustaría transmitirte que pese a todo, la vida es preciosa, que el sol alumbra cada día.

Y eso que hoy te resulta penoso, mañana lo verás mejor, pues, cada noche, una estrella te acompaña y está contigo.

Pero, particularmente, me encantaría decirte:

Cuando te suceda esto.

Cuando las fuerzas te empiecen a flaquear, CONFÍA Alguien estará ahí para tenderte una mano.

Cuando las nubes no te dejen ver la claridad del sol, APARTALAS Pues, de otra forma, no lograrás ver las estrellas… sino la oscuridad de la noche.

Cuando no puedas dormir cada noche SUEÑA, Solo se cumplen aquellos sueños de quienes los tienen.

Cuando alguien te falle sin más, NO TE DETENGAS, nunca perderás tú, sino él, la vida se encargará de recordárselo.

Cuando tengas un buen amigo CONSERVALO, es el mejor regalo, la mayor fortuna que puedes tener, ya que éste, jamás te fallará.

Y no olvides, cada día al levantarte dar gracias por lo que tienes, no por lo que se quedó atrás.

Solo de esta forma, podrás lograr esa paz interior tan deseada, la tuya, y lo que es mejor, la de los tuyos.

-Autor desconocido

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Ahora está de moda el perdón. Perdonar es la solución a todo dolor interno, a toda angustia y resentimiento. Pero, ¿cuáles son las condiciones del perdón? ¿Por qué no es fácil perdonar?

Primero una historia, sin detalles pero verdadera: Una mujer relata como intentó humillar a una rival, exponiéndola con algo falso pero indemostrable. Sin embargo, después de un tiempo, en vez de sentir satisfacción esto le produjo una sensación de vergüenza. Así, continúa asociando y recuerda como la hermana, muchos años atrás, le había hecho algo parecido (aunque mucho mas grave), con intención de desprestigiarla. Se da cuenta entonces de que su proceder actual ha estado motivado por un sentimiento de humillación no resuelto y un deseo de venganza antiguo, dirigido en buena medida no a la rival actual sino a la hermana de antaño. Y, puesto que ella ha sido capaz de un acto similar al de su hermana a partir de un dolor muy profundo, puede pensar que la hermana había actuado desde el mismo lugar -puesto que la mujer de la que hablamos solía recibir más atenciones y elogios- y que es desde ahí, desde este dolor no resuelto, que se puede explicar toda una cadena de agresiones.

Esta serie de asociaciones describe, en su simpleza, lo que para mí es el proceso del perdón: un proceso en el que, a través de la conciencia y de darnos cuenta desde donde actuamos, nos permite una actitud más compasiva y realizar un duelo por sucesos del pasado.

Pero tal vez voy muy rápido: para entender el perdón habrá que entender la culpa, es decir, aquel sentimiento de malestar que, según Freud, se asocia al sentimiento que desarrolla el yo en cuanto no está a la altura de sus ideales. Aunque este es un tema complicado, para nuestros fines tal vez baste señalar cual es el ciclo de la culpa, que quizá podamos describir en estos términos: La persona que siente culpa busca alivio en la expiación, es decir, en el intento de borrar la culpa por medio de un sacrificio; cree que la mejor forma de expiación es el autocastigo, la provocación de algo doloroso; y decide que el mejor castigo que se puede imponer es hacer algo ¡que le provoque mas culpa!. Y así, la espiral se acrecienta, pues quién mas que uno sabrá que actos le parecen a sí mismo injustos y entonces los actuará. Este proceso suele ser inconsciente y no debería sorprendernos: después de todo la culpa, como tantas otras cosas, tiende a desarrollar estrategias para perpetuarse a sí misma.

Es claro que en estas condiciones, el perdón puede ser tan sólo un señuelo provocador de mayores culpas si se basa en la represión de sentimientos, en la búsqueda de aceptación, en el temor a perder el amor o en un sentimiento de superioridad moral, todas ellas estrategias para evitar un acto de conciencia. En este sentido, la culpa se diferencia del arrepentimiento, que implica tomar conciencia de haber cometido algún error y disponernos a no repetirlo. También se diferencia de la reparación, que pretende saldar el daño hecho mediante un bien y no "borrarlo" mediante la ejecución de un nuevo daño.

Así, volvemos al asunto del cómo del perdón. Si poder perdonar implica hacer un acto de conciencia que nos ponga en contacto con nuestros propios errores y con el dolor que le hemos causado a otros y por ese camino a nosotros mismos, también implica hacer un duelo por aquello que se quiso y no se tuvo o por aquello que se recibió y que causó dolor; es decir, un duelo por la realidad deseada -digamos hoy: "fantaseada"- que no fue. Y desde esta aceptación de lo pasado (que hoy podemos pensar como "nuestro recuerdo de lo que fue") lograr una re-conciliación con nosotros mismos. En mi opinión este duelo sólo puede hacerse mediante un acto de conciencia. O mejor dicho: es en sí un acto de conciencia. Y entonces cabe la pregunta: ¿después de semejante acto, es posible perdonar?. Creo que no: una vez que asumimos que el dolor que alguien nos provoca no es sino el recordatorio de un suceso anterior y que es nuestro intento por evadir este dolor el que nos lleva a provocar dolor a otros; una vez que recordado es resuelto este dolor y logramos reconciliarnos con nosotros mismos, podemos, como la mujer de la viñeta, comprender y perdonar. O mejor dicho: podemos darnos cuenta de que ya no es necesario, porque ya se dio.

Sí.

Psic. Juan Guillermo Rodríguez Dávil

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Blup
 
 
Dejó dicho Thomas Merton:
"¿Qué ganamos con navegar hasta la Luna, si no somos capaces de cruzar el abismo que nos separa,
de nosotros mismos.
 
Si eres un caminante en el viaje interior y estás escribiendo tu cuaderno de bitácora con la tinta de la honestidad, los siguientes ejercicios te servirán como guía para la autoexploración.
 
Se trata de un conjunto de sugerencias que llevadas a la práctica te facilitarán el encuentro con dones, motivaciones y actitudes sanadoras.
También te permitirán observar hábitos y reacciones automáticas que te pueden estar incapacitando,
para una percepción transformadora de tu vida.
 
Toda la información que seas capaz de generar a través de estas sencillas prácticas puede resultarte inspiradora, a modo de "pellizco" para despertar a una mayor consciencia y autoconocimiento. 
 
1.- Zona de estacionamiento: Tu corazón.

Pon la mano en el pecho y posa tu atención en la zona de tu corazón. Siente el interior de esa área de tu cuerpo, mientras realizas unas cuantas respiraciones profundas y tranquilas.
¿Qué sensaciones tienes?
¿Qué color, forma, sabor,
tienen los sentimientos que experimentas?
¿Sientes esa zona cerrada, abierta, pesada,
vacía, ligera, dolida, o…?
 
Recuerda que no hay respuestas correctas.
Se trata de tu propia experiencia.
Permanece un rato con las sensaciones que te van viniendo y observa sus cambios.
Luego anota la información que te resulte más relevante, en tu diario de trabajo interior.
 
"No necesitamos mejorar;
sólo hemos de soltar lo que nos bloquea el corazón."

Jack Kornfield.
 
2.- Área de descanso: Descubrimiento y reconexión.

Pasea la mirada detenidamente, por el paisaje que te rodea, con el objetivo de descubrir cosas o matices en los que hasta ahora no te hubieras fijado.
Empieza haciéndote presente,
posando la atención en tu respiración.
Siente tu cuerpo, advierte tu postura.
Luego mira a tu alrededor como si fuera la primera vez que lo observases.
¿Tiene aspectos que no había visto nunca? Experimentarás una mayor reconexión con el mundo, porque te estás permitiendo estar presente aquí y ahora, liberándote así de las distracciones que te ocasiona el estar atrapado en tu "dialogo interior".
"En la trastienda de nuestro cerebro,
por así decirlo, hay una llamarada o una explosión
de asombro ante nuestra existencia.
 
La finalidad de la vida artística y espiritual es ahondar en busca de este sol naciente de admiración."

G. K. Chesterton.
 
3.- Parada en mojón del camino:
Concentración sostenida.

Elige cualquier actividad cotidiana que te resulte útil realizar en este momento y concéntrate en ella. Comienza poniendo atención en tu respiración, sintiendo tu presencia física y emocional.
Luego comienza con la tarea que has elegido, manteniéndote alerta de cuando se desvía tu atención hacia otros asuntos.
Identifica esas distracciones y tranquilamente
vuelve a poner tu atención en la actividad
que estás realizando.
Repite con paciencia el intento de centrarte en la tarea siempre que te encuentres de nuevo, divagando.
 
"Con los niños traviesos y con la mente es necesario tener una paciencia afable." Robert Actkin Roshi.

 

4.- Zona portuaria: Echando el ancla.

Para tus actividades y permítete un respiro para experimentar un sentimiento en profundidad.
Pon tu atención en el recuerdo de una persona
o situación, que sabes que te provoca,
intensas emociones negativas.
Detente, mientras eres consciente de tu respiración, en la contemplación de ese recuerdo hasta que veas aflorar esos sentimientos
que te provocan su evocación.
 
Observa y mantente lo más alerta posible de las tensiones, cambios de postura,
sensaciones y emociones que percibas,
y también de las distracciones que te llevan a desconectarte de esta experiencia.
Luego anota la información que te resulte más relevante en tu diario de trabajo interior.
"Si odias a una persona,
odias algo de ella que forma parte de ti.
Lo que no forma parte de nosotros, no nos molesta."

Herman Hesse.
 
5.- Hacia el interior de la mina:
Fuerzas y valores ocultos

Piensa en alguna persona que admiras profundamente o tienes en cierto modo, idealizada.
¿Cuáles son las cualidades en ella,
que más te llaman la atención?
Comprueba si esas virtudes consideras, que tú también las posees o si por el contrario
están subrayando lo que entiendes
como una carencia personal tuya.
Luego haz unas cuantas respiraciones a modo de ejercicio de centramiento y trata de ver esta experiencia desde un nuevo punto de vista, respondiendo a la siguiente pregunta:
 
¿Y si esa persona simplemente está actuando de recordatorio de lo que mantienes bloqueado en ti?
 
Esta práctica te puede servir de guía para descubrir y recuperar tus cualidades positivas.
Luego anota la información que te resulte más relevante en tu diario de trabajo interior.
 
"En sentido espiritual, todo lo que uno desea,
a lo que aspira y necesita está siempre presente,
es asequible aquí y ahora, para aquellos que tienen ojos para ver."

Surya Das.
 
 
La personalidad, no es más que una configuración conocida, de una gama de capacidades mucho mayor.
El Espíritu humano es un despliegue ilimitado de potencial creativo. Cuando damos los primeros pasos en el viaje interior, vemos que nuestra atención está continuamente atrapada por ideas, ansiedades, preocupaciones e imágenes mentales
y rara vez estamos presentes en nosotros mismos
y en nuestra experiencia inmediata.
 
Cuando nos permitimos experimentar plenamente, nuestra presencia como seres vivos, aquí y ahora, resulta una percepción transformadora,
que nos embarca en el viaje interior,
sabedores de que tenemos una personalidad a través de la cual se manifiesta nuestra verdadera identidad, pero que dicha identidad transciende
y está más allá de nuestra personalidad.
 
"Entérate de lo que eres y sé lo que eres."

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el pequeño jardin

 

 
A todos mis amigos y a todos los que me honran con su visita:
 
A excepción de aquellos con los que he compartido un poco más de mi vida, saben que tengo un trabajo que me "encanta" aún cuando la mayoria de los días termino agotada o deprimida por las situaciones que tengo que ver y presenciar y bueno últimamente este trabajo me esta exigiendo más de lo habitual y es por ello que he estado un poco alejada de mi space y aunque no siempre he podido visitar sus sitios con la frecuencia que me gustaria por lo menos intentaba darme una vueltita aunque sea una vez a la semana para dejarles mi huella, para hacerles sentir que son importante para mi y por sobre todo que les quiero.
 
Y hoy senti la necesidad de pedirles disculpas por mi prolongada ausencia y decirles que "no es indiferencia" solo una increible falta de tiempo, trabajo muchas veces 12 horas diarias y al final del día llego a penas a mi casa con el único deseo de caer sobre mi cama y morirme…jajaja porque dormir es poco…jejeje (ya saben soy exajerada)
 
Que les agradezco infinitamente el que me visiten, que aprecio y atesoro cada uno de sus comentarios y de las bellas imagenes que me regalan.
 
Tengo la esperanza de que pronto podré tener más tiempo para poder compartir con ustedes, mientras llega ese momento sepan que les quiero y que siempre están presente en mis oraciones.
 
Les deseo un excelente fin de semana, lleno de luz y de amor.
 
Patuca

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Mañana de domingo

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.
No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los críos. Los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.
Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores.
¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora está bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades. ¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos! Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida. ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.
¡Nos están fastidiando! ¡¡Yo los descubrí. Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica. ¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las
Nike? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa? ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el
electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros? Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!! ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de ……….. años!  Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el nylon. La goma solo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan.
Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el ‘guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo’ pasarse al ‘compre y tire que ya se viene el modelo nuevo’. Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo). Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se
desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron? En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos… ¡¡Como guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡Guardábamos las chapitas de los refrescos! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos! Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver!! ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía ‘este es un 4 de bastos’.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el
ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden ‘matarlos’ apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney. Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: ‘Cómase el helado y después tire la
copita’, nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las
hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella. Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. Ah ¡No lo voy a hacer!
Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les
declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los
cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour. Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane de mano y sea yo el entregado.

Hasta aquí Eduardo Galeano.

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