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Archive for 30 julio 2011

Osos de Peluche

Si uno protegiera el Cañón del Colorado de las tormentas de viento, jamás podría apreciar la belleza que ellas esculpen a su paso.
Elizabeth Kubler Ross

Mi hija mayor y yo estábamos lavando sus ositos de peluche, con los que solía jugar de muy pequeña. Ella acaba de separarse de su esposo, con quien estuvo casada siete años, y nosotras estamos lavando sus osos de peluche.

La semana pasada la ayudé a instalarse en su nuevo departamento. Nunca ha vivido sola, de manera que está luchando con todas sus fuerzas por adaptarse a su nueva vida, ella y sus ositos.
A propósito de los osos de peluche, mi hija acaba de contarme que ayer, en la lavandería, conoció a dos ancianas de unos ochenta años.

Una de ellas, casualmente, estaba lavando sus osos de peluche y le explicó una técnica especial para su lavado.
-Tienes que colocarlos dentro de la funda de una almohada y asegurar el extremo con un alfiler de gancho. El lavado automático hará el resto, y verás qué limpio y mullido queda el peluche.

A continuación, la anciana le contó a mi hija que desde que su esposo murió, cada vez que la soledad y la ansiedad la invaden, se aferra con fuerza a sus osos de peluche, apretándolos contra el pecho y la cara, y así supera el momento de opresión. Según la anciana, sus osos de peluche siempre la comprenden.

En tanto seguían conversando, mi hija le comentó a la anciana que siempre había querido lavar sus osos de peluche pero, en realidad, temía que el lavado los estropeara. Ella estaba encantada con esa mujer y su sabia técnica acerca del cuidado de los peluches, y no perdía una sola palabra de lo que ella le comentaba. Antes de agradecer sus consejos a la sabia anciana, mi hija le confió que acababa de separarse y que estaba poniendo en condiciones su nuevo departamento.

Al escuchar esas palabras, la mujer le dijo que si ella fuera su propia hija, de ninguna manera le permitiría vivir sola, sino que se la llevaría a vivir con ella a su casa. Yo habría querido confesarle a mi hija que compartía los sentimientos de aquella mujer pero, por otro lado, sabía que era necesario que mi hija aprendiera a abrirse camino en la vida por sus propios medios. A pesar de que yo también deseaba protegerla contra la adversidad, en el fondo de mi corazón sabía que eso no era lo mejor para ella.

A veces, cuando se trata de un hijo, hacer lo correcto es lo más difícil. Cuando veo a mi hija luchando por sostenerse, económica y emocionalmente, siento que cada fibra de mi corazón se quiebra a pedazos. En esos momentos tan difíciles siento deseos de llevármela conmigo y de acompañarla a su habitación para arroparla en la cama, junto con sus queridos ositos.

Era una niña muy bonita y lo es todavía. Para mí es difícil pensar que es una mujer de veintiocho años. Ya hemos terminado de lavar sus osos de peluche, y ahora se encuentra camino a su propia casa. Todos sus peluches están relucientes, cada uno de ellos listo para comenzar una nueva vida con ella. Se que mi hija los tomara en sus brazos y los presionará con fuerza contra su rostro, durante las muchas noches y días que le esperan y que ellos le brindaran calor.

Sus osos de peluche la escucharán con atención, como sólo ellos saben hacerlo, secarán cada una de las lágrimas y le devolverán cada uno de sus abrazos y cada una de sus sonrisas.

Queridos Osos de Peluche : Cuiden mucho a mi pequeña. Denle todo su amor. El mundo, a veces puede ser un lugar muy peligroso. Llévenla de la mano, abríguenla por la noche y no dejen de recordarle que sus padres y hermanas la amamos con todo el corazón. Ayúdenla a encontrar esa pequeña porción dentro de ella que le proporcione la paz que ustedes le brindan; esa porción cálida y mullida que nos hace “saber” que todo estará muy bien, que mañana será un nuevo día, y que todas las respuestas que buscamos están dentro de nosotros mismos.

Háganle saber que el tiempo todo lo cura, que después del dolor viene el crecimiento personal y que el temido hombre de la bolsa ya no la acecha.

Que tengas dulces sueños, hija querida. Que la luz del sol de tus mañanas y el resplandor de la luna en tus noches sequen todas esas lágrimas y consuelen tu corazón y tu alma.

Mi pequeña, deseo que cada nuevo amanecer te brinde una alegría infinita y mucha paz, como la que te dan tus pequeños osos de peluche.

Del Libro Chocolate Caliente para el Alma

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Ando revisando el baúl de los recuerdos…para tirar todo aquello que ya no me sirve y disfrutar de aquello que aún deseo conservar y entre tantas cosas he querido rescatar y compartir esta hermosa reflexión.

LA RENOVACION DEL AGUILA

El águila , es el ave que posee la mayor longevidad de su especie.
Llega a vivir 70 años.
Pero para llegar a esa edad ,a los 40 años de vida tiene que tomar una seria decisión.
A los 40 años:
Sus uñas curvas y flexibles , no consiguen agarrar a las presas de las que se alimenta.
Su pico alargado y punteagudo , también se curva.
Apuntando contra el pecho están las alas , envejecidas y pesadas por las gruesas plumas.
¡ Volar es ahora muy difícil !

Entonces el águila , tiene sólo dos alternativas: Morir , ….. ó enfrentar un doloroso proceso de renovación que durará 150 días.
Ese proceso consiste en volar hacia lo alto de una montaña y refugiarse en un nido, próximo a una pared , donde no necesite volar.

Entonces, apenas encuentra ese lugar , el águila comienza a golpear con su pico la pared , hasta conseguir arrancárselo.
Apenas lo arranca , debe esperar a que nazca un nuevo pico con el cual después , va a arrancar sus viejas uñas.
Cuando las nuevas uñas comienzan a nacer, prosigue arrancando sus viejas plumas.
Y después de cinco meses , sale victorioso para su famoso vuelo de renovación y de revivir, y entonces dispone de 30 años más.
A veces nos preguntamos:

¿ Por qué renovarnos ?
En nuestra vida, muchas veces, tenemos que resguardarnos por algún tiempo y comenzar un proceso de renovación.

Para que reanudemos un vuelo victorioso, nos debemos desprender de ataduras , costumbres y otras tradiciones del pasado.
Solamente libres del peso del pasado , podremos aprovechar el valioso resultado de una renovación.
Autor desconocido

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Toda la mañana me ha dado vueltas en la cabeza esta canción…la comparto para que la disfruten conmigo.

“The Flower of Carnage” Meiko Kaji

Shindeita
Asa ni
Tomorai no
Yuki ga furu

Hagure inu no
Touboe
Geta no
Otokishimu

Iin na naomosa
Mitsumete aruku
Yami wo dakishimeru
Janomeno kasa hitotsu

Inochi no michi wo
Yuku onna
Namida wa tooni
Sutemashita

Furimuita
Kawa ni
Toozakaru
Tabinohima

Itteta tsuru wa
Ugokasu
Naita
Ame to kaze

Kieta mizu mo ni
Hotsure ga miutsushi
Namida sae misenai
Janomeno kasa hitotsu

Urami no michi wo
Yuku onna
Kokoro wa tooni
Sutemashita

Giri mo nasake mo
Namida mo yume no
Kinou mo ashita mo
Henno nai kotoba

Urami no kawa ni
Mi wo yudanete
Honma wa tooni
Sutemashita

EN ESPAÑOL

La nieve llora…
al morir el día…
perros vagabundos aúllan…
y las pisadas de Gete desgarran la niebla.
Camino cargando el peso de la Vía Láctea en mis espaldas…
… pero una sombrilla que mantiene en la penumbra es lo único que llevo.
Soy una mujer que camina entre la vida y la muerte…
…agote mis lágrimas hace muchas lunas.
Toda la compasión, lagrimas y sueños…
…las noches nevadas… el mañana… no significan nada.
Me sumergí en el rio de la venganza…
… y me despoje de mi feminidad hace mucho tiempo.

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Mira hacia arriba

Esta linda reflexión me la regalo mi querido amigo Mägo Celta y hoy quiero compartirla con ustedes

EL BUITRE

Si pones un buitre en un cajón que mida 2 metros x 2 metros y que este completamente abierto por la parte superior, esta ave, a pesar de su habilidad para volar, será un prisionero absoluto. La razón es que el buitre siempre comienza un vuelo desde el suelo con una carrera de 3 a 4 metros . Sin espacio para correr, como es su hábito, ni siquiera intentará volar sino que quedará prisionero de por vida en una pequeña cárcel sin techo..

EL MURCIÉLAGO

El murciélago ordinario que vuela por todos lados durante la noche. Una criatura sumamente hábil en el aire, no puede elevarse desde un lugar a nivel del suelo. Si se le coloca en el suelo en un lugar plano, todo lo que puede hacer es arrastrase indefenso y, sin duda, dolorosamente, hasta que alcanza algún sitio ligeramente elevado del cual se pueda lanzar a si mismo hacia el aire. Entonces, inmediatamente despega rápidamente.

LA ABEJA

La abeja , al ser depositada en un recipiente abierto, permanecerá allí hasta que muera, a menos que sea sacada de allí. Nunca ve la posibilidad de escapar que existe por arriba de ella, sin embargo persiste tratando encontrar alguna forma de escape por los laterales cercanos al fondo. Seguirá buscando una salida donde no existe ninguna, hasta que completamente se destruye a si misma.

LAS PERSONAS:

En muchas formas, somos como el buitre, el murciélago y la abeja obrera. Lidiamos con nuestros problemas y frustraciones, sin nunca darnos cuenta que todo lo que tenemos que hacer es ver hacia arriba. Esa es la respuesta, la ruta de escape y la solución a cualquier problema. Solo mira hacia arriba!!.

La tristeza mira hacia atrás, la preocupación mira hacia alrededor, la depresión mira hacia abajo, pero La FE… la FE mira hacia arriba!!!

Desconozco el autor
Enviado por Mägo Celta

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Este es un cuento que leí en un libro de Jorge Bucay hace muchos años atrás y hoy lo recordé pensando en todas las veces en que me pregunté ¿por qué un amigo ya no me habla? ¿por qué él ya no me quiere? y un sin fin de por ques, que lo único que hacián era mellar mi poca autoestima, pensando que no era lo suficientemente buena para ser apreciada y hoy me doy cuenta que me falto el por qué más importante de todos ¿POR QUE YO NO ME APRECIABA?, hoy quiero compartirlo con ustedes con la fé de convertirme en joyero.

Érase una vez un joven que acudió a un sabio en busca de ayuda.

-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo ganas de hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo: «Cuánto lo siento, muchacho. No puedo ayudarte, ya que debo resolver primero mi propio problema. Quizá después…». Y, haciendo una pausa, agregó: «Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar».

-E… encantado, maestro -titubeó el joven, sintiendo que de nuevo era desvalorizado y sus necesidades postergados.
-Bien -continuó el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo meñique de la mano izquierda y, dándoselo al muchacho, añadió-: Toma el caballo que está ahí fuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, y no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó al mercado, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes, que lo miraban con algo de interés hasta que el joven decía lo que pedía por él.

Cuando el muchacho mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le giraban la cara y tan sólo un anciano fue lo bastante amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa como para entregarla a cambio de un anillo. Con afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un recipiente de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.

Después de ofrecer la joya a todas las personas que se cruzaron con él en el mercado, que fueron más de cien, y abatido por su fracaso, montó en su caballo y regresó.

Cuánto hubiera deseado el joven tener una moneda de oro para entregársela al maestro y liberarlo de su preocupación, para poder recibir al fin su consejo y ayuda.

Entró en la habitación.

-Maestro -dijo-, lo siento. No es posible conseguir lo que me pides. Quizás hubiera podido conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
-Eso que has dicho es muy importante, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos conocer primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar tu caballo y ve a ver al joyero. ¿Quién mejor que él puede saberlo? Dile que desearías vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca: no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar.

El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo al chico:

-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya mismo, no puedo darle más de cincuenta y ocho monedas de oro por su anillo.
-¿Cincuenta y ocho monedas? -exclamó el joven.
-Sí -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de setenta monedas, pero si la venta es urgente…

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero experto. ¿Por qué vas por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y, diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda.

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Ahora que ya te fuiste, te diré que te quiero.
Ahora que no me oyes, ya no debo callar.
Tú seguirás tu vida y olvidarás primero…
Y yo aquí, recordándote, a la orilla del mar.

Hay un amor tranquilo que dura hasta la muerte,
y un amor tempestuoso que no puede durar.
Acaso aquella noche no quise retenerte…
y ahora estoy recordándote a la orilla del mar.

Tú, que nunca supiste lo que yo te quería,
quizás entre otros brazos lograrás olvidar…
Tal vez mires a otro, igual que a mí aquel día…
Y yo aquí, recordándote, a la orilla del mar.

El rumor de mi sangre va cantando tu nombre,
y el viento de la noche lo repite al pasar.
Quizás en este instante tú besas a otro hombre…
Y yo aquí, recordándote, a la orilla del mar…

Y yo aquí, recordándote, a la orilla del mar…

José Ángel Buesa

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Tostadas quemadas

Cuando era niño, ocasionalmente mi madre como cena nos daba café con leche con muchos agregados.

Recuerdo especialmente una noche, cuando ella nos sirvió café con leche, después de un día de trabajo muy duro.

Esa noche, mi madre le puso un plato con huevos revueltos, fiambre y tostadas bastantes quemadas frente a mi padre.

Recuerdo haber esperado un poco, para ver si papá notaba ese hecho.

Todo lo que mi padre hizo, fue tomar su tostada, sonreír a mi madre y preguntarme como había sido mi día en la escuela.

No recuerdo lo que le respondí, pero recuerdo haberlo mirando, untando la tostada con manteca y jalea y comiendo cada bocado.

Cuando me levanté de la mesa, aquella noche, escuché a mamá disculpándose por haber quemado las tostadas.

Nunca me olvidé de la respuesta de papá “me encantó la tostada quemada”.

Mas tarde, aquella noche, cuando le fui a dar un beso de buenas noches a papá, le pregunté si realmente le había gustado aquella tostada.

El me tomó en sus brazos y me dijo:

Compañero, tu madre tuvo un día de trabajo muy pesado y estaba realmente cansada… Además de eso, una tostada quemada no le hace mal a nadie. La vida está llena de imperfección y las personas no son perfectas. Tampoco soy el mejor marido, el mejor empleado o cocinero, tal vez ni siquiera el mejor padre, aunque intente serlo todos los días.

He aprendido a través de los años, que saber aceptar las fallas ajenas, intentando minimizar las diferencias entre unos y otros, es una de las llaves más importantes para crear relacionamientos saludables y duraderos. Desde que tu madre y yo nos unimos, aprendimos los dos a suplir uno las fallas del otro.

Yo se cocinar muy poco, pero aprendí a dejar la olla de aluminio reluciente. Ella no sabe usar la perforadora, pero después de mis arreglos, ella hace que todo quede limpio y perfumado. Yo no se hacer una lasaña como ella lo hace, pero ella no sabe asar una carne como yo lo hago. Yo nunca supe hacerte dormir, pero conmigo tu tomas un baño rápido y sin reclamar

La suma de nosotros crea el mundo que te recibió y te apoya, ella y yo nos complementamos. Nuestra familia debe aprovechar este nuestro universo mientras estemos los dos presentes. No es verdad que mas tarde, el día que uno de los dos parta, este mundo se va a desmoronar, de ninguna manera. Nuevamente tendremos que aprender a adaptarnos para hacer lo mejor.

De hecho, podríamos extender esta lección para cualquier tipo de relacionamiento, entre marido y mujer, entre padre e hijos, entre hermanos, entre colegas, con amigos y también en el ambiente profesional. Entonces hijo, esfuérzate para ser siempre tolerante, principalmente con quien dedica su precioso tiempo de vida a ti y al
prójimo

Las personas se olvidarán de lo que le hagas, o de lo que le digas. Pero nunca se olvidarán el modo en el cual las hiciste sentir.

Autor desconocido

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