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Archive for 29 abril 2013

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PARA NO MORIR DE AMOR

Detrás de cada principio que has leído y tratado de practicar hay un factor común: la negación explícita a «morir de amor» y a sufrir inútilmente por tu pareja o la persona que quieres. Cada premisa y cada renglón por el que has pasado se reafirma en un decálogo de resistencia emocional que pretende ir más allá del amor tradicional y
rescatar el valor de la vida digna. Sólo es el comienzo. Cada cual debe investigarse a sí mismo y ser un precursor de su propia causa afectiva. El precepto es como sigue:

«Merezco ser feliz en el amor, no me resignaré al dolor de una mala relación, no me acostumbraré a tolerar lo que no debe tolerarse». No morir de amor es rechazar cualquier vínculo afectivo que te sujete a una relación enfermiza o limitante.

A diferencia de la muerte física, que es única e irrepetible, en el mundo afectivo podemos morir más de una vez. Podemos agonizar y resucitar e incluso, en algunos casos, volver a la misma vida, a la misma rutina y con la misma persona. El amor irracional y dañino, el que te quita el aliento y te desploma, es como un karma: tú lo eliges
y tú decides estar allí.

No necesitas ser un académico experimentado para construir una ecología afectiva que te permita crecer como persona.

Si eres un superviviente del amor, mejor aún: tienes todas las credenciales para hacerlo exitosamente. Aunque «el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra» tú sabes cuál es la piedra y cuál es el atajo que debes tomar para evitarla o, si es el caso, cómo pasar por encima. Lo sabes porque ya estuviste allí o te lo han contado, lo has leído o lo has visto en otros luchadores del amor.

Niégate a sufrir por amor, declárate en huelga afectiva, haz las paces con la soledad y atempera la necesidad de «amar por encima de todo y a cualquier precio».

Rescata el amor propio, tu primer gran amor a partir del cual se generan los otros: si no te amas a ti mismo, nadie te querrá. ¿Cómo amar a una máquina de autocastigo? ¿Cómo querer a quien se odia y vive amargado por ser como es? El amor empieza por casa, en la intención imprescindible de querer perseverar en el propio ser, y si el amor
que sientes no apunta en la dirección de vivir más y mejor, no te sirve, no le viene bien a tu vida.

Si has pasado por las páginas de este libro, quizá hayas podido crear un espacio de reflexión y te hayas cuestionado si amar a cualquier precio realmente se justifica. ¿Hay un punto medio? Existe, aunque se nos escape. Es un punto de inflexión donde no sobrevaloras el amor ni te subestimas a ti mismo (te quiero y me quiero), donde ni el
amor te aplasta ni tú lo ignoras: coexistencia pacífica entre el impulso a amar y el «yo» que se niega a desaparecer. Principios para no morir de amor, principios para no hacer del amor un lastre. El amor descontrolado y avasallador es un invento de los adictos. Puedes amar sin perder el norte ni perderte a ti mismo y aun así mantener vivo el fuego de la pasión. Los supervivientes de tantos amores irracionales, locos e impensables, lo ratifican a diario cuando logran amar sosegadamente.

Acércate a los principios, léelos, ensáyalos y hazlos tuyos, si así los sientes; incorpóralos a tu ser y mantenlos activos. Ellos te servirán como factores de protección, te harán menos vulnerable al sufrimiento amoroso.

Máximas de supervivencia afectiva

Veamos las preguntas fundamentales que nos generan estas premisas y las respuestas
posibles:

• ¿Ya no te quieren? Libérate del desamor, no supliques, vete con la cabeza bien alta.
• ¿Quieres vivir con tu amante? Antes de tomar la decisión, piénsalo bien; sé realista y recuerda que no es lo mismo la vida de pareja que revolcarte en el placer una o dos veces por semana.
• ¿Estás con alguien que aún no sabe o no ha decidido si te ama?: escapa lo más lejos posible; piérdete entre la muchedumbre y empieza de nuevo, porque ese amor no te sirve y te arrastrará durante años.
• ¿El poder afectivo lo tiene tu pareja? Desapégate, haz tu pequeña y maravillosa revolución, nivela el estatus; no olvides que el apego te idiotiza.
• ¿Quieres olvidar a un amor enquistado, buscando un reemplazo? Cuidado; que a veces el enredo se duplica y un clavo no saca otro clavo, sino que lo hunde más: hay soluciones más elegantes, como un duelo bien llevado.
• ¿Vives sacrificándote para que tu pareja sea feliz? No es el camino; el amor es recíproco: volverte opaco para que el otro brille es una forma de suicidio emocional.
• ¿Tu pareja dice que te ama, pero su amor no se manifiesta por ningún lado? Revísalo todo, sacude la relación: si el amor que dice profesarte no se ve ni se siente, no existe o no te sirve.
• ¿Has puesto a tu pareja por las nubes? Pues pósala sobre la tierra antes de que se crea el cuento, porque amar no es santificar ni rendir pleitesía: no hagas un culto a la personalidad.
• ¿Amas a una persona mucho mayor o mucho menor que tú? Cabeza fría, aunque el corazón esté contento; sopesa bien la cuestión, que si el amor no tiene edad, los enamorados sí la tienen.
• ¿Qué hacer con las separaciones? Sacarle el mayor provecho posible, después de haber aprendido lo que no quieres del amor: lo que nunca quisieras repetir. Cuando practiques lo suficiente y adoptes una visión más realista del amor,
descubrirás que es posible amar sin salir herido. Tendrás claro que las personas que saben amar, simplemente, han tomado una decisión fundamental: no hay que vivir para amar, ni morir en nombre del amor.

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Se entró de tarde en el río,
La sacó muerta el doctor:
Dicen que murió de frío:
Yo sé que murió de amor.
JOSÉ MARTÍ

No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
De urgencia mía de mi piel de ti,
De mi alma de ti y de mi boca
Y del insoportable que soy sin ti.
JAIME SABINES

INTRODUCCIÓN

«Morir de amor, despacio y en silencio», canta Miguel Bosé. Y no es sólo ficción ni entretenimiento musical, es realidad pura y dura. Para muchos el amor es una carga, un dulce e inevitable dolor o una cruz que deben llevar a cuestas porque no saben, no pueden o no quieren amar de una manera más saludable e inteligente. Hay quienes se quitan la vida o se la quitan a su pareja, y están los que se agotan y van secándose como un árbol en mitad del desierto, porque el amor les pide demasiado. ¿Para qué un amor así? Ésa es la verdad: no todo el mundo se fortalece y desarrolla su potencial humano con el amor; muchos se debilitan y dejan de ser ellos mismos en el afán de
querer mantener una relación tan irracional como angustiante. Hay que vivir el amor y no morir por su culpa. Amar no es un acto masoquista donde dejasde ser tú y te complace sentirte maltratado o humillado bajo el yugo de otra persona.

Morir de amor no es irremediable, contrariamente a lo que dicen algunos románticos desaforados. Las relaciones afectivas que valen la pena y alegran nuestra existencia transitan por un punto medio entre la esquizofrenia (el amor es todo «locura») y la sanación esotérica (el amor todo «lo cura»). Amor terrestre, que vuela bajito, pero vuela.

Coincidir con una persona, mental y emocionalmente, es una suerte, una sintonía asombrosa y casi siempre inexplicable. Aristóteles decía que amar es alegrarse, pero también es sorprenderse y quedar atónito ante un clic que se produce con alguien que no entraba en tus planes. De ahí la pregunta típica de un enamorado a otro: «¿Dónde
estabas antes de que te encontrara?» o «¿Cómo puedes haber existido sin yo saberlo? ». Amar es vivir más y mejor, si el amor no es enfermizo ni retorcido.

En el amor sano no caben la resignación ni el martirio, y si tienes que anularte o destruirte para que tu pareja sea feliz, estás con la persona equivocada. Para amar no hay que «morir de amor», sufrir, desvanecerse, perder el norte,
ser uno con el otro o alterar la identidad: eso es intoxicación afectiva. Cuando confundimos el enamoramiento con el amor, justificamos el sufrimiento afectivo o su conmoción/ arrebato/ agitación y terminamos enredándonos en relaciones negativas que nos amargan la vida porque erróneamente pensamos que: «Así es el amor». A veces,
cuando hago terapia, me encuentro con parejas tan incompatibles que me pregunto cómo diablos han llegado a estar juntos. ¿Es que acaso están ciegos? Y la respuesta es que, en cierto sentido, sí lo están. No una ceguera física, sino emocional: el sentimiento decidió por ellos y los arrastró como un río desbordado. El amor tiene una inercia
que puede llevarte a cualquier sitio si no intervienes y ejerces tu influencia.

Morir de amor, asimismo, es morir de desamor: el rechazo, el insoportable juego de la incertidumbre y de no saber si te quieren de verdad, la espera, el imposible o el «no», que llega como un jarro de agua fría. Es humillarse, rogar, suplicar, insistir y persistir más allá de toda lógica, esperar milagros, reencarnaciones, pases mágicos y cualquier
cosa que restituya a la persona amada o la intensidad de un sentimiento que languidece o que ya se nos ha ido de las manos.

Infinidad de personas en el mundo se han quedado atrapadas en nichos emocionales a la espera de que su suerte cambie, sin ver que son ellas mismas las que deben hacer su revolución afectiva. Cada quien reinventa el amor a su manera y de acuerdo a sus necesidades y creencias básicas; cada cual lo construye o lo destruye, lo
disfruta o lo padece.

Morir de amor no es un designio inevitable, una determinación biológica, social o cósmica: puedes establecer tus reglas y negarte a sufrir inútilmente.

Ésa es la consigna.

¿Qué hacer entonces? ¿Es posible amar sin equivocarnos tanto y que el sufrimiento sea la excepción y no la regla? ¿Cómo amar sin morir en el intento y, aun así, disfrutarlo y sentir su irrevocable pasión?

En el presente libro he intentado plasmar algu nos de los problemas que convierten el amor en un motivo de agonía y angustia; asimismo, he contrapuesto a ellos una serie de principios básicos de supervivencia afectiva que proporcionan herramientas para no morir de amor y cambiar nuestra concepción del amor tradicional por una más
renovada y saludable. Dichos principios obran como esquemas de inmunidad o factores de protección.
Veamos de manera resumida estos problemas y qué principio oponer en cada caso:

1. Estás con alguien que no te quiere, te lo dice sin tapujos y no ve la hora de irse o de que te vayas. Pero tú sigues ahí, esperando el milagro que no llega y soportando un rechazo que no te da treguas. Independientemente de la causa, la lectura del principio 1 te servirá de ayuda y reflexión: Si ya no te quieren, aprende a perder y
retírate dignamente.

2. Tienes otra persona, la deseas y la amas. Sin darte cuenta, poco a poco, has construido una vida paralela, que va mucho más allá de la aventura. Te preguntas qué hacer constantemente, aunque, en realidad, lo tienes claro, pero no sabes cómo llevarlo a cabo: te falta coraje. Tu sueño es reemplazar mágicamente a tu pareja por el
amante y que todo siga igual, como si nada hubiera pasado. Te hallas inmerso en un gran dilema que no te deja vivir en paz. La lectura del principio 2 te servirá de ayuda y reflexión: Casarse con el amante es como echarle sal al postre.

3. Te encuentras en una relación desesperante porque tu «pareja» es ambigua y tiene «dudas» de hasta dónde quiere llegar contigo, ya que no está segura de sus sentimientos. Es el síndrome del «ni contigo, ni sin ti», cuya víctima eres tú; además, no tienes la menor idea de cómo hacerle frente. Tu pareja fluctúa entre el amor y el desamor
y tú oscilas al compás de ella. La lectura del principio 3 te servirá de ayuda y reflexión: ¿Ni contigo, ni sin ti? ¡Corre lo más lejos posible!

4. Sientes (y sabes) que el poder emocional o afectivo en la relación lo tiene tu pareja, es decir, que ella puede prescindir de ti más fácilmente de lo que tú, llegado el momento, podrías prescindir de ella. Y en esta lucha de fuerzas y debilidades, de apegos y desapegos, siempre estás por debajo; lo que te lleva a decir «sí», cuando quieres
decir «no» o acceder a acuerdos que no van contigo. Todo esto ¿lo haces por amor o por miedo a perder a la persona amada? La lectura del principio 4 te servirá de ayuda y reflexión: El poder afectivo lo tiene quien necesita menos al otro.

5. Tienes un amor enquistado, reciente o antiguo, que no puedes olvidar y no te deja establecer nuevas relaciones. Para borrarlo de tu mente y de tu corazón has llegado a la conclusión de que «un clavo saca otro clavo» y has salido a buscar uno más «grande» y poderoso para que elimine al ex o la ex de una vez por todas. Desafortunadamente,
el procedimiento no te ha dado resultado y el viejo amor sigue allí, flotando en la memoria emocional con la misma fuerza de siempre. La lectura del principio 5 te servirá de ayuda y reflexión: Un clavo no siempre saca otro clavo: a veces los dos se quedan dentro.

6. Vives en un martirio perpetuo: por querer resolver los problemas de tu pareja te has olvidado de tu persona. Pero no sólo la ayudas e intentas sacarla adelante a cualquier precio, sino que utilizas una manera de sacrificarte absolutamente irracional: te vuelves opaco a propósito, para que ella, por contraste, brille más. Compensas negativamente y ocultas tus virtudes para que los déficits de tu pareja se disimulen o no se noten tanto. Practicas una curiosa forma de suicido afectivo. La lectura del principio 6 te servirá de ayuda y reflexión: Evita el sacrificio irracional: no te anules para que tu pareja sea feliz.

7. Tu relación actual es tan fría como distante. Tu pareja no expresa el amor como quisieras y necesitas. Sientes que te deja a un lado y que la indiferencia es el principio básico en el que se sustenta el vínculo. La displicencia y los rechazos te duelen profundamente y afectan a tu autoestima, pero no eres capaz de tomar decisiones.
La lectura del principio 7 te servirá de ayuda y reflexión: Si el amor no se ve ni se siente, no existe o no te sirve.

8. Has puesto a tu media naranja por las nubes. Piensas que estás con una persona sumamente especial y que no te la mereces. Has idealizado a tu pareja y te has apegado a esa imagen ilusoria que te impide ver su lado normal y humano. El problema es que en algún momento tendrás que aterrizar, y es posible que no te guste lo que
veas, cuando ya no utilices autoengaños ni distorsiones. Quizá estés enamorada o enamorado de un espejismo creado por ti. La lectura del principio 8 te servirá de ayuda y reflexión: No idealices al ser amado: míralo como es, crudamente y sin anestesia.

9. Estás con alguien muy mayor o muy joven para tu edad, y eso, aunque intentes disimularlo, te genera cierta ansiedad. Sabes que con el tiempo la diferencia de edad se acentúa y no quieres convertirte en una persona celosa e insegura. Aun así, prefieres no pensar en ello seriamente porque temes malograr la dicha de vivir un amor
como el que ahora sientes. De todos modos, consciente o inconscientemente, te preguntas: ¿cuántos años me quedan de felicidad? La lectura del principio 9 te servirá de ayuda y reflexión: El amor no tiene edad, pero los enamorados sí.

10. Te has separado recientemente y andas dando tumbos. Has perdido tus puntos de referencia habituales, te sientes sola o solo y estás del amor hasta la coronilla. Además, juras que no volverás a tener a nadie y que todos los que te rodean son unos idiotas. En fin: tienes dificultades para aceptar una separación que todavía te duele y
no eres capaz de empezar de nuevo. La lectura del principio 10 te servirá de ayuda y reflexión: Algunas separaciones son instructivas: te permiten saber lo que no quieres del amor.

Cada capítulo se ocupa de un principio concreto, donde se explicitan a su vez una serie de premisas y corolarios que van completando el cuadro y sirven como guías.

En el epílogo resumo un conjunto de máximas para llevar a la práctica que se desprenden de los apartados anteriores.
El decálogo sugerido aquí no pretende agotar la temática del amor malsano, ni mucho menos, ya que las variables que intervien en en su conformación son múltiples y complejas. No obstante, los diez principios de supervivencia presentados pueden resultar de mucha ayuda si se interiorizan y aplican de forma continuada. En mi experiencia
profesional he podido observar que su uso incrementa notablemente las probabilidades de establecer relaciones funcionales más satisfactorias y felices. Por todo lo dicho, mi recomendación es que nos acerquemos a todos los principios y no sólo a los que se ajusten más a nuestra problemática específica.
A la hora de desarrollar el contenido del libro, he tenido en mi pensamiento a aquéllos afectivamente más frágiles y a los que sufren por amor, pese a sus esfuerzos de seguir adelante y encontrar un afecto que valga la pena. No he pensado en los fortachones ni en los depredadores emocionales, sino en los luchadores del amor,
aquellos que insisten y persisten a pesar de sus errores y malas decisiones. La verdadera virtud no está en amar, sino en amar bien. Y a este propósito apunta el presente libro.

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1.-Permitiste estar de duelo.
Date el permiso de sentirte mal, necesitado, vulnerable…
Podes pensar que es mejor no sentir el dolor, o evitarlo con distracciones y ocupaciones pero, de todas maneras, con el tiempo lo más probable es que el dolor salga a la superficie.
Mejor es ahora. Acepta que posiblemente no estés demasiado interesado en tu trabajo ni en lo que pasa con tus amistades durante un tiempo, pero metete en el duelo con todas sus consecuencias. Tu vida será diferente mientras recorres este camino, muy probablemente tendrás que cambiar transitoriamente algunos hábitos, seguramente te sientas vacío…
Permitite sentir el dolor plenamente porque el permiso es el primer paso de este camino y ningún camino se termina si antes no se comienza a recorrerlo.

2.- Abrí tu corazón al dolor:
Registrá y expresá las emociones que surjan, no las reprimas.
No te hagas el fuerte, no te guardes todo para adentro.
Con el tiempo el dolor irá disminuyendo. Si hay algo que opera siempre aliviando el trayecto es justamente encontrar la forma y darse el permiso de sentir y expresar el dolor; la tristeza, la rabia, el miedo por lo perdido. recorrer el camino de punta a punta es condición para cerrar y sanar las heridas. Y este camino se llama el Camino de las Lágrimas. Permitite el llanto.
Te merecés el derecho de llorar cuanto sientas. Posiblemente sufriste un golpe brutal, la vida te sorprendió, los demás no supieron entender, el otro partió dejándote solo. Nada más pertinente que volver a nuestra vieja capacidad de llorar nuestra pena, de berrear nuestro dolor, de moquear nuestra impotencia. No escondas tu dolor. Compartí lo que te está pasando con tu familia y tus amigos de confianza…Llorar es tan exclusivamente humano como reír. El llanto actúa como una válvula liberadora de la enorme tensión interna que produce la pérdida. Podemos hacerlo solos si esa es nuestra elección, o con nuestros compañeros de ruta para compartir su dolor, que no es otro que nuestro mismo dolor. Cuando las penas se comparten su peso se divide. Cuando el alma te duele desde adentro no hay mejor estrategia que llorar.
No te guardes todo por miedo a cansar o molestar. Busca a aquellas personas con las cuales podes expresarte tal como estás. Nada es más impertinente y perverso que interrumpir tu emoción con tus estúpidos condicionamientos de tu supuesta fortaleza protectora del prójimo.

3.- Recorrer el camino requiere tiempo.
Dicen que el tiempo lo cura todo. Pero cuidado, el tiempo solo quizás no alcance. LO que realmente puede ayudar es lo que cada uno hace con el tiempo.
NO te hagas expectativas mágicas. Estate preparado para las recaídas. Un suceso inesperado, una visita, un aniversario, la Navidad te vuelven al principio, es así.
No podés llorar hoy lo de mañana, ni seguir llorando lo de ayer Para hoy es tu llanto de hoy, para mañana el de mañana.
¿Estás utilizando este día para aceptar que estás de duelo, para reconocer que lo perdido ha muerto y no lo vas a recuperar?
¿Estás utilizando el día de hoy para sentir tus emociones intensamente y para expresar el dolor que supone esta pérdida?
¿Estás utilizando este día para aprender a vivir sin esa persona querida?
¿Estás utilizando el día para volver a centrarte en vos mismo?
Viví solamente un día cada día.

4.- Sé amable contigo.
Aunque las emociones que estás viviendo sean muy intensas y displacenteras (y seguramente lo son) es importante no olvidar que son siempre pasajeras…Uno de los momentos más difíciles del duelo suele presentarse después de algunos meses de la pérdida, cuando los demás comienzan a decirte que ya tendrías que haberte recuperado. Sé paciente. No te apures. Jamás te persigas creyendo que ya deberías sentirte mejor. Tus tiempos son tuyos.
Recordá que el peor enemigo en el duelo es no quererse.

5.- No tengas miedo de volverte loco.
Todos podemos vivir sentimientos intensos de respuesta a la situación de duelo sin que esto te lleve a ningún desequilibrio La tristeza, la bronca, la culpa, la confusión, el abatimiento y hasta la fantasía de morir son reacciones habituales y comunes a la mayoría de las personas después de una pérdida importante o de la muerte de un ser querido.
Necesitas sentir el dolor y todas las emociones que lo acompañan: tristeza, rabia, miedo, culpa…Habrá personas que te dirán: “Tenés que ser fuerte”. No les hagas caso.

6.- Aplazá algunas decisiones importantes.
Decisiones como vender la casa, dejar el trabajo o mudarte a otro lugar son trascendentes, y se deben tomar en momentos de suma claridad; dado que un cierto grado de confusión es inevitable en el recorrido de este camino, sería preferible dejarlas para más adelante.
Con el mismo razonamiento sobre todo en los primeros tiempo inmediatos a la pérdida no parece conveniente iniciar una nueva pareja, decidir un embarazo, acelerar un casamiento.
Podríamos lamentarlo después.
hay urgencias que no se pueden postergar, pero conviene respetar la norma de no cruzar los puentes antes de llegar a ellos.

7.- No descuides tu salud.
Muchos de los que recorren el camino están tan ocupados en su proceso interno, están tan atentos a su sentir penoso que no prestan atención a su propio cuerpo. Pasados los primeros días puede resultar muy útil que decidas por unas semanas imponerte un horario para levantarte, un horario para las comidas, una hora para acostarte…y lo sigas. Alimentate bien y no abuses del tabaco, del alcohol ni de los medicamentos. De hecho si para ayudarte en estos momentos fuera necesario tomar algún medicamento, deberá ser siempre a criterio de un médico y nunca por los consejos de familiares, amigos y vecinos bien intencionados. De todas maneras es bueno no deambular “buscando” el profesional que acepte recetar los psicofármacos para “no sentir”, porque lejos de ayudar puede contribuir a cronificar el duelo.

8.- Agradecé las pequeñas cosas.
Es necesario valorar las cosas buenas que seguimos encontrando en nuestra vida en esta situación de catástrofe.
Sobre todo, algunos vínculos que permanecen (familiares, amigos, pareja, sacerdote, terapeutas), aceptadores de mi confusión, de mi dolor, de mis dudas y seguramente de mis momentos más oscuros. Para cada persona lo que hay que agradecer es diferente: seguridad, contención, presencia y hasta silencio.

9.- Anímate a pedir ayuda.
No interrumpas tu conexión con los otros, aunque ellos no estén hoy recorriendo este camino. Necesitás su presencia, su apoyo, su pensamiento, su atención. Dales la oportunidad a tus amigos y seres queridos de estar cerca. Todos lo que te quieren desearán ayudarte, aunque la mayoría no sabe cómo hacerlo.
Algunos tienen miedo de ser entrometidos. Otros creen que te lastiman si te recuerdan tu pérdida. Necesitás que te escuchen, no que te den su opinión de lo que deberías hacer, sentir o decidir. No te quedes esperando su ayuda y mucho menos pretendiendo que adivinen.
Pedí lo que necesitás. NO es más sabio ni más evolucionado el que no precisa ayuda, sino el que tiene conciencia y valor para pedirla cuando al necesita.

10.-Procura ser paciente con los demás.
Ignorá los intentos de algunas personas de decirte cómo tenés que sentirte y por cuánto tiempo, no todos comprenden lo que estás viviendo. Amorosamente intentarán que olvides tu dolor, lo hacen con buenas intenciones, para no verte triste, teneles paciencia pero no te ocupes de complacerlos. Más bien apartate un poco gentilmente y buscá a quienes puedan permitirte “estar mal” o desahogarte sin miedo cuando lo sentís así. De todas.maneras quizás sea mejor que durante un tiempo prestes más atención a la intensión de quienes te rodean que a lo que dicen en palabras. A veces los que uno pensaba que serían los mejores compañeros de ruta no pueden compartir tu momento.
Soportan tan mal el dolor ajeno que interrumpen tu proceso y retrasan tu paso hacia el final del camino. De todas maneras, una vez más, no te fastidies con ellos por eso.

11.- Mucho descanso, algo de disfrute y una pizca de diversión.
Date permiso para sentirte bien, reír con los amigos, hacer bromas. Es tu derecho y además será de gran ayuda que busques, sin forzar tu propio ritmo, momentos para disfrutar.
Recordá que hasta el ser querido que no está querría lo mejor para vos.
Los malos momentos vienen por sí solos, pero es voluntaria la construcción de buenos momentos. Empezá por saber con certeza que hay una vida después de una pérdida, prestale atención a las señales y oportunidades a tu alrededor. No las uses si no tenés ganas, pero no dejes de registrarlas.

12.- Confiá en tus recursos para salir adelante.
Acordate de cómo resolviste anteriores situaciones difíciles de tu vida.
Si querés sanar tu herida, si no querés cargar tu mochila con el peso muerto de lo perdido, no basta pues con esperar a que todo se pase o con seguir viviendo como si nada hubiera pasado.
Necesitás dar algunos pasos difíciles para recuperarte. NO existen atajos en el camino de las lágrimas.
Vas a vivir momentos duros y emociones displacenteras intensas en un momento en el que estás muy vulnerable. NO te exijas demasiado. Respetá tu propio ritmo de curación y créeme cuando digo esto: estás en condiciones de afrontar lo que sigue, porque si estás en el camino, lo peor ya ha pasado.
Confiá en vos por encima de todas las dificultades y si lo hacés te garantizo que no te defraudarás. El pensamiento positivo te transforma siempre en tu propio entrenador.

13.- Aceptá lo irreversible de la pérdida.
Aunque sea la cosa más difícil que has hecho en toda tu vida,
ahora tenés que aceptar esta dura realidad: estás en el camino de las lágrimas y no hay retorno. El camino sólo sigue hacía adelante. Mientras creas en un pequeño lugarcito que el otro volverá, que la situación va a volver a ser la que era, que el muerto va a regresar, nunca terminarás el recorrido.
La muerte siempre llega demasiado tarde o demasiado temprano. Siempre es un mal momento para que la gente se muera.
Hablar de tu pérdida, contar las circunstancias de la muerte, visitar el cementerio o el lugar donde se esparcieron los restos, todo puede ayudar poco a poco a ir aceptando el hecho de la pérdida. De hecho , si existe una remota posibilidad de que la pérdida no sea definitiva, deberás elegir entre seguir esperando y no recorrer el camino o decidir que es definitiva aunque los hechos permitan una tenue esperanza.
De todas maneras no te dañará haber recorrido el camino si lo que diste por perdido aparece, pero puede dañarte mucho seguir esperando lo que nunca sucederá. (Sabemos cuánto más difícil es aceptar la pérdida de un ser querido si nunca pudiste ver el cadáver o nunca se recuperó).
Es una gran tentación quedarse refugiado en la idea de que desde el cielo el otro está y me cuida. No tiene nada de malo la creencia religiosa de cada uno, al contrario, es un excelente aliado, pero cuidado con utilizarla para minimizar su desaparición física. Cuidado con llegar a creer que entonces no necesito hacer el duelo.
Continuará…

14.- Elaborar un duelo no es olvidar.
El proceso de duelo permite buscar para tu ser querido el lugar que merece entre los tesoros de tu corazón.
Es poder pensar en él, y no sentir ya ese latigazo de dolor.
Es recordarlo con ternura y sentir que el tiempo que compartiste con él o con ella fue un gran regalo.
Y esto es cierto para todas las pérdidas. La elaboración permite darle un sentido a todo lo que has vivido hasta aquí con lo ausente.
Es entender con el corazón en la mano que el amor no se acaba con la muerte.
15.- Aprendé a vivir de “nuevo”..Hacer el duelo significa también aprender a vivir sin algo, sin alguien, de otra forma.
Es aprender a tomar nuevas decisiones por vos mismo, aprender a desempeñar tareas que antes hacía otro, aprender nuevas formas de relación con la familia y los amigos, aprender a vivir con algo menos. A veces este aprendizaje no incluye a otros, el duelo es aprender a vivir sin esa capacidad que he perdido. La experiencia es muchas veces un maestro muy cruel.

16.- Centrate en la vida y en los vivos.
Llega un momento en que sabés que es necesario soltar el pasado. La vida te espera llena de nuevas posibilidades.
No hay nada malo en querer disfrutar, en querer ser feliz, en querer establecer nuevas relaciones… En el caso de la pérdida de una pareja, no hay motivo para avergonzarse si aparece de nuevo el deseo sexual. En realidad, el corazón herido cicatriza abriéndose a los demás. El duelo es establecer que lo muerto queda afuera pero mi vida continúa.
Una adolescente escribió a su madre después de perder a su padre: “Existen otras personas a las que amar, y eso no significa que quiero menos a mi papá”.

17.- Definí tu postura frente a la muerte.
La idea de “qué significa morirse” es tan teórica que vivencialmente puede ser diferente para cada uno. Lo que
importa no es coincidir en una posición respecto a al muerte sino establecer que es una de las cosas que cada uno debe tener definidas. Hay muchos temas que pueden estar sin resolver, pero hay cuatro o cinco que es necesario tener “acomodados”:

* la identidad sexual.
* la posición filosófica.
* la relación con los padres.
* el proyecto de vida.
* y la postura frente a la muerte.

¿Qué sucede después de la muerte?
¿Cómo lo van a saber si nadie lo sabe?
No importa cuál sea tu postura, les puedo asegurar que después de la muerte va a pasar lo que ustedes creen que va a pasar.
En el fondo lo mismo da..Si ustedes creen que se van a reencarnar, está bien; si creen que se van al cielo o al infierno, está bien; si ustedes creen que no hay nada más, está bien. Lo que sea que crean, está bien.
Pero tienen que tener una posición tomada.
Le preguntaron a Woody Allen, una vez, si él creía que había vida después de la muerte. Allen contestó que no sabía, que estaba muy ocupado tratando de saber si podía vivir un poco antes de morir.

18.- Volvé a tu fe.
Algunas cosas simplemente no son para ser manejadas por uno solo. Incluso toda la ayuda que podés tener puede no proporcionar la comodidad que realmente se necesita para sostener lo que sucedió.
Muchas personas encuentran que llevar estos problemas a Dios es una manera tranquilizadora de aligerar la carga que hace que el corazón les pese.
Después del primer momento donde la furia tiene a Dios como a uno de sus destinatarios favoritos, es útil regresar a la iglesia, al templo, a la charla con el sacerdote o pastor.
Es el momento de aprender a no pedir que las cosas se resuelvan de la manera que quisiéramos que resultaran, sino pedir en su lugar que Dios nos ayude a aceptar los cambios y nos ayude a ver las opciones.

19.- Buscá las puertas abiertas.
Estamos a veces tan cegados por nuestra propia cólera, dolor o desgano que no vemos las “nuevas puertas” que se abren.
Todos hemos oído la frase “Cuando una puerta se cierra, otra se nos abre”. Creo que es verdad; pero sucede que a veces no estamos dispuestos a dar vuelta al picaporte.
Es fácil pensar “”¿Qué de bueno podría venir de esta pérdida?” y sin embargo cada día oímos historia de gente que ha superado batallas físicas, mentales y emocionales para alcanzar contra todas las probabilidades objetivos impensados. Leé sobre algunos “milagros médicos” y vas a tener una buena idea de lo que hablo. Leé la vida de Helen Keller y no vas a tener ninguna duda.
20.-Cuando tengas una buena parte del camino ya recorrida hablales a otros sobre tu experiencia.
No minimices la pérdida, ni menosprecies tu camino. Contar lo que aprendiste en tu experiencia es la mejor ayuda para sanar a otros haciéndoles más fácil su propio recorrido, e increíblemente facilita tu propio rumbo.

Extraído del libro “El camino de las lágrimas” de Jorge Bucay

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ME CONCEDO

IM FREE

1.- Me concedo a mí mismo el permiso de estar y de ser quien soy, en lugar de creer que debo esperar a que otro determine dónde yo debería estar o cómo debería ser.

2.- Me concedo a mí mismo el permiso de sentir lo que siento, en vez de sentir lo que otros sentirían en mi lugar.

3.- Me concedo a mí mismo el permiso de pensar lo que pienso y también el derecho de decirlo, si quiero, o de callármelo, si es que así me conviene.

4.- Me concedo a mí mismo el permiso de correr los riesgos que yo decida correr, con la única condición de aceptar pagar yo mismo los precios de esos riesgos.

5.- Me concedo a mí mismo el permiso de buscar lo que yo creo que necesito del mundo, en lugar de esperar que alguien más me de el permiso para obtenerlo.

Estos cinco permisos esenciales condicionan nuestro ser persona. Y ser persona es el único camino para volverse autodependiente.
Porque estos permisos me permiten finalmente ser auténticamente quien soy.

El primero dice que si yo soy una persona tengo que concederme a mí mismo la libertad de ser quien soy. ¿Qué quiere decir esto? Dejar de exigirme ser el que los demás quieren que sea: el que quiere mi jefe, el que quiere mi esposa, el que quieren mis amigos o el que quieren mis hijos. Ser persona es darme a mí mismo la libertad de ser el que soy.

Es probable que a muchos no les guste que sea el que soy; es probable que cuando otros descubran que soy el que soy —y que además me doy la libertad de serlo— se enojen conmigo.

Todos podemos llegar a ser personas, pero si no empezamos por este permiso, no hay posibilidades; nos quedaremos siendo individuos parecidos a muchos otros individuos que se sienten a sí mismos diferentes, pero que obedecen y pertenecen al club de aquellos que no se dan el derecho de ser quienes son; que intentan parecerse a los demás.

Jorge Bucay : “El Camino de la Autodependencia”

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Por: Angel Antonio Marcuello García
Jefe del Gabinete de Psicología de la Escuela de Especialidades Antonio de Escaño (Ferrol-La Coruña)

1. LA AUTOESTIMA
Las creencias que tenemos acerca de nosotros mismos, aquellas cualidades, capacidades, modos de sentir o de pensar que nos atribuimos, conforman nuestra “imagen personal” o “autoimagen”. La “autoestima” es la valoración que hacemos de nosotros mismos sobre la base de las sensaciones y experiencias que hemos ido incorporando a lo largo de la vida. Nos sentimos listos o tontos, capaces o incapaces, nos gustamos o no. Esta autovaloración es muy importante, dado que de ella dependen en gran parte la realización de nuestro potencial personal y nuestros logros en la vida. De este modo, las personas que se sienten bien consigo mismas, que tienen una buena autoestima, son capaces de enfrentarse y resolver los retos y las responsabilidades que la vida plantea. Por el contrario, los que tienen una autoestima baja suelen autolimitarse y fracasar.

Las personas somos complejas y muy difíciles de definir en pocas palabras. Como existen tantos matices a tener en cuenta es importante no hacer generalizaciones a partir de uno o dos aspectos. Ejemplos:

Podemos ser muy habladores con los amigos/as y ser callados/as en casa.
Ser un mal jugador de fútbol no indica que seamos un desastre en todos los deportes.
Que no nos salga bien un examen no significa que no sirvamos para los estudios.
2. ¿CÓMO SE FORMA LA AUTOESTIMA?
El concepto de uno mismo va desarrollándose poco a poco a lo largo de la vida, cada etapa aporta en mayor o menor grado, experiencias y sentimientos, que darán como resultado una sensación general de valía e incapacidad. En la infancia descubrimos que somos niños o niñas, que tenemos manos, piernas, cabeza y otras partes de nuestro cuerpo. También descubrimos que somos seres distintos de los demás y que hay personas que nos aceptan y personas que nos rechazan. A partir de esas experiencias tem¬pranas de aceptación y rechazo de los demás es cuando comen¬zamos a generar una idea sobre lo que valemos y por lo que va¬lemos o dejamos de valer. El niño gordito desde pequeño puede ser de mayor un adulto feliz o un adulto infeliz, la dicha final tie¬ne mucho que ver con la actitud que demostraron los demás ha¬cia su exceso de peso desde la infancia.
Durante la adolescencia, una de las fases más críticas en el desarrollo de la autoestima, el joven necesita forjarse una identidad firme y conocer a fondo sus posibilidades como individuo; también precisa apoyo social por parte de otros cuyos valores coincidan con los propios, así como hacerse valioso para avanzar con confianza hacia el futuro. Es la época en la que el muchacho pasa de la dependencia de las personas a las que ama (la familia) a la independencia, a confiar en sus propios recursos. Si durante la infancia ha desarrollado una fuerte autoestima, le será relativamente fácil superar la crisis y alcanzar la madurez. Si se siente poco valioso corre el peligro de buscar la seguridad que le falta por caminos aparentemente fáciles y gratificantes, pero a la larga destructivos como la drogadicción.
La baja autoestima está relacionada con una distorsión del pensamiento (forma inadecuada de pensar). Las personas con baja autoestima tienen una visión muy distorsionada de lo que sen realmente; al mismo tiempo, estas personas mantienen unas exigencias extraordinariamente perfeccionistas sobre lo que deberían ser o lograr. La persona con baja autoestima mantiene un diálogo consigo misma que incluye pensamientos como:
Sobregeneralización: A partir de un hecho aislado se crea una regla universal, general, para cualquier situación y momento: He fracasado una vez (en algo concreto); !Siempre fracasaré! (se interioriza como que fracasaré en todo).
Designación global: Se utilizan términos peyorativos para describirse a uno mismo, en vez de describir el error concretando el momento temporal en que sucedió: !Que torpe (soy)!.
Pensamiento polarizado: Pensamiento de todo o nada. Se llevan las cosas a sus extremos. Se tienen categorías absolutas. Es blanco o negro. Estás conmigo o contra mí. Lo hago bien o mal. No se aceptan ni se saben dar valoraciones relativas. O es perfecto o no vale.
Autoacusación: Uno se encuentra culpable de todo. Tengo yo la culpa, !Tendría que haberme dado cuenta!.
Personalización: Suponemos que todo tiene que ver con nosotros y nos comparamos negativamente con todos los demás. !Tiene mala cara, qué le habré hecho!.
Lectura del pensamiento: supones que no le interesas a los demás, que no les gustas, crees que piensan mal de ti…sin evidencia real de ello. Son suposiciones que se fundamentan en cosas peregrinas y no comprobables.
Falacias de control: Sientes que tienes una responsabilidad total con todo y con todos, o bien sientes que no tienes control sobre nada, que se es una víctima desamparada.
Razonamiento emocional: Si lo siento así es verdad. Nos sentimos solos , sin amigos y creemos que este sentimiento refleja la realidad sin parar a contrastarlo con otros momentos y experiencias. “Si es que soy un inútil de verdad”; porque “siente” que es así realmente
3. FORMAS DE MEJORAR LA AUTOESTIMA
La autoestima puede ser cambiada y mejorada. Podemos hacer varias cosas para mejorar nuestra autoestima:

1. Convierte lo negativo en positivo:

Nunca pierdas las ganas de pensar en positivo, invierte todo lo que parezca mal o que no tiene solución:

Pensamientos negativos

“No hables”
“¡No puedo hacer nada!”
“No esperes demasiado”
“No soy suficientemente bueno”
Pensamientos alternativos

“Tengo cosas importantes que decir”
“Tengo éxito cuando me lo propongo”
“Haré realidad mis sueños”
“¡Soy bueno!”

2. No generalizar

Como ya hemos dicho, no generalizar a partir de las experiencias negativas que podamos tener en ciertos ámbitos de nuestra vida. Debemos aceptar que podemos haber tenido fallos en ciertos aspectos; pero esto no quiere decir que en general y en todos los aspectos de nuestra vida seamos “desastrosos”.
3. Centrarnos en lo positivo
En conexión con lo anterior, debemos acostumbrarnos a observar las características buenas que tenemos. Todos tenemos algo bueno de lo cual podemos sentirnos orgullosos; debemos apreciarlo y tenerlo en cuenta cuando nos evaluemos a nosotros mismos.
4. Hacernos conscientes de los logros o éxitos
Una forma de mejorar nuestra imagen relacionada con ese “observar lo bueno” consiste en hacernos conscientes de los logros o éxitos que tuvimos en el pasado e intentar tener nuevos éxitos en el futuro. Pida a los alumnos/as que piensen en el mayor éxito que han tenido durante el pasado año. Dígales que todos debemos reconocer en nosotros la capacidad de hacer cosas bien en determinados ámbitos de nuestra vida y que debemos esforzarnos por lograr los éxitos que deseamos para el futuro.
5. No compararse
Todas las personas somos diferentes; todos tenemos cualidades positivas y negativas. Aunque nos veamos “peores” que otros en algunas cuestiones, seguramente seremos “mejores” en otras; por tanto, no tiene sentido que nos comparemos ni que, nos sintamos “inferiores” a otras personas.
6. Confiar en nosotros mismos
Confiar en nosotros mismos, en nuestras capacidades y en nuestras opiniones. Actuar siempre de acuerdo a lo que pensamos y sentimos, sin preocuparse excesivamente por la aprobación de los demás.
7. Aceptarnos a nosotros mismos
Es fundamental que siempre nos aceptemos. Debemos aceptar que, con nuestras cualidades y defectos, somos, ante todo, personas importantes y valiosas.
8. Esforzarnos para mejorar Una buena forma de mejorar la autoestima es tratar de superarnos en aquellos aspectos de nosotros mismos con los que no estemos satisfechos, cambiar esos aspectos que deseamos mejorar. Para ello es útil que identifiquemos qué es lo que nos gustaría cambiar de nosotros mismos o qué nos gustaría lograr, luego debemos establecer metas a conseguir y esforzarnos por llevar a cabo esos cambios.

Elaborar proyectos de superación personal
Una parte importante de nuestra autoestima viene determinada por el balance entre nuestros éxitos y fracasos. En concreto, lograr lo que deseamos y ver satisfechas nuestras necesidades proporciona emociones positivas e incrementa la autoestima.

Se ha apuntado como una forma de mejorar la autoestima el esforzarse para cambiar las cosas que no nos gustan de nosotros mismos. Vamos a trabajar sobre un método que puede hacer más fácil estos cambios. Este método está compuesto por cuatro pasos fundamentales:

Pasos para conseguir lo que se desea.

Plantearse una meta clara y concreta.
Establecer las tareas que se deben realizar para lograrla.
Organizar las tareas en el orden en que se deberían realizar.
Ponerlas en marcha y evaluar los logros que se vayan consiguiendo.
Veamos brevemente cada uno de estos pasos:

Primer paso: Plantearse una meta clara y concreta.
Una “meta” puede ser cualquier cosa que se desee hacer o conseguir. Plantearse una meta de forma clara y concreta ayuda a tener éxito porque nos ayuda a identificar lo que quere¬mos conseguir.

La meta que nos propongamos ha de reunir una serie de requisitos. Debe ser una meta:

SINCERA, algo que realmente queramos hacer o deseemos alcanzar.
PERSONAL, no algo que venga impuesto por alguien desde fuera.
REALISTA, que veamos que es posible conseguir en un plazo relativamente corto de tiempo (unas cuantas semanas).
DIVISIBLE, que podamos determinar los pasos o cosas que hemos de hacer para conseguirla.
MEDIBLE, que podamos comprobar lo que hemos logrado y lo que nos falta para alcanzarla.
Ejemplos:

Obtener una buena nota en una asignatura
Ser más popular
Llevarse bien con los hermanos
Hacer deporte
Ahorrar dinero
Segundo paso: Establecer las tareas que se deben realizar para lograrla.
Una vez que hayan concretado la meta que desean alcanzar, pídales que piensen en lo que tendrían que hacer para conseguirla. No todo se consigue en un día; para conseguir mejorar en cualquier aspecto que te propongas has de hacer pequeños esfuerzos.

Póngales como ejemplo el caso de los ciclistas que participan en la vuelta ciclista a España. La meta de muchos de ellos es ganar la carrera. Pero para ello se tienen que superar a lo largo de tres semanas distintas etapas (etapas de llano, etapas de montaña, contrarreloj).

Tercer paso: Organizar las tareas en el orden en que habría que realizarlas.
Si se intenta llevar a cabo todas las tareas al mismo tiempo, es muy probable que no se consiga nada. Para lograr una meta es muy interesante que se ordenen las tareas que se deben realizar y se establezca un plan de trabajo.

Una vez que tengan la lista de las tareas que deben realizar pida que las ordenen. El orden se puede establecer de forma lógica, según la secuencia temporal en las que se tengan que realizar (para hacer una casa antes del tejado habrá que hacer los cimientos) o, en el caso de que las tareas no necesiten una secuenciación temporal, se puede empezar por las tareas más sencillas y que requieran menos esfuerzo, dejando para el final las más difíciles o costosas.

Cuarto paso: Ponerlas en marcha y evaluar los logros que se vayan consiguiendo.
Una vez elaborado el proyecto personal habría que comprometerse con él y ponerlo en práctica. Para llegar a conseguirlo es importante ir evaluando los esfuerzos realizados. Esto puede ser difícil hacerlo uno mismo, pero es relativamente sencillo si se pide a un familiar o a un amigo que nos ayude a evaluar nuestros progresos.

Vamos a ver un ejemplo en el que una persona uno elabora un proyecto de superación personal con el fin de superar la timidez:

Ejemplo de Proyecto Personales

1. Meta: Superar a timidez.

2. Tareas para conseguirlo:

Saludar a gente que conozcas
Unirse a grupos de compañeros en el recreo
Iniciar conversaciones con compañeros
Iniciar conversaciones con desconocidos
Hacer preguntas al profesor
3. Organización de las tareas (empezar por lo más fácil y avanzar hacia las tareas más difíciles)

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medianoche

Ven a beber, conmigo en doce copas,
doce campanas esta medianoche
escucharás el bronce congleado
tañendo nuestro adiós en doce copas.

Ven a besar conmigo en doce copos
la nieve amarga que fundió el invierno
sobre la altura de mis sienes
y este desamparado corazón que tengo.

Ven a morder conmigo en doce gritos
los labios de un dolor ya redoblado
será la última boca que tu beses
cuando vayas camino del ocaso.

No bien bebas conmigo el sorbo amargo,
en la voz gris de los metales ciegos
vendrá esta medianoche repicando
la eternidad de nuestros dos destierros.

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