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Archive for the ‘Reflexiones’ Category

Claudia:

Hoy tengo ganas de trabajar un poco conmigo y parece que también tengo ganas de involucrarte.

Recuerdo los ejercicios del darse cuenta de John Stevens: el darse cuenta del afuera y el darse cuenta del adentro ……

Afuera de mí… el pasto, ese rosal, las flores amarillas, ese árbol…

Imagino que soy ese árbol…

Soy alto… frondoso… de un tono verde oscuro, que resalta sobre el fondo más claro.

Estoy en un costado de un campo… más allá del campo, otros árboles, ninguno de mi especie. Desde donde estoy, no veo otros como yo (supongo que debe haberlos… quizás miles… A veces, me gustaría que alguno de ellos estuviera más cerca… Otras veces, debo reconocerlo, me gusta sentirme único).

Tengo un tronco fuerte y duro. ¡Es mi sostén! Me sirve para mantenerme erguido, pero no rígido. Mis ramas se expanden al aire… llenas de hojas, me permiten la comunicación plena por cada uno de mis poros…

En esta época del año, estoy lleno de flores y frutos. Ambos son expresiones de mi deseo de trascender y, seguramente, son parte de mis intentos seductores.

Me doy cuenta de que ostento con ellos… tanto como con mi sombra… una sombra densa, cobijadora y fresca, muy atractiva para casi todos los que pasan cerca y más aún para quienes requieren mi protección o cuidados…

Me doy cuenta también de que mis ramas tienen, además, miles de espinas. Este es mi armamento defensivo; impide que los depredadores se lleven partes de mí, sin mi autorización.

Creo que, además, son el símbolo de mi maldad. ¡Claro!, no soy todo lindo y bueno. Adentro mío soy agresivo, oscuro, cerrado…

Todo esto es lo evidente. Bajo el nivel de lo evidente, me prolongo…

Unos pocos centímetros debajo de la tierra, mi tronco se divide en dos grandes ramas que se extienden hacia los costados y hacia abajo.

Mis raíces… de ellas me nutro, de ellas depende mi alimentación y mi estabilidad. Nunca pude comprender cómo sobreviven esos seres humanos, que a veces veo, sin raíces, tan inestables y tan frágiles por carecer de nutrientes…

Amo cada parte de mí mismo…

desde la punta inferior de mis raíces hasta la última hoja de mi copa…

Amo mis flores, y también amo mis espinas … Y, lo que más amo de mi ser árbol… es darme cuenta … a cada instante…

¡Que estoy vivo!

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Tantos meses, días y horas

sin saber quién eras en realidad.

Tantos días, horas y minutos

sin darme cuenta lo que todos veían

que tú no me rendías tributo.

Tantos minutos y segundos

que ya no esperan, no te esperan.

Me pregunto en quien te convertiste

o mejor dicho en quien te convertí?

Por que mis ojos te miraban con amor

con aquel amor que no quiere ver

la realidad;

con aquel amor que no puede ver

la realidad.

Hoy estoy despierta y veo que en

cada minuto, cada hora y cada mes

mi cristal estaba empañado

que no lograba mirarte con claridad

que solo miraba lo que yo esperaba

encontrar en realidad.

Hoy estoy despierta y veo que en

cada hora y cada mes

ya no veo lo que una vez vi.

Hoy estoy despierta y veo que

en realidad ya no me ves;

Hoy estoy despierta y

siento que no eres lo que amé

en cada hora y cada mes.

Autor desconocido

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Disfruta tu café

Un grupo de profesionales, todos triunfadores en sus respectivas carreras, se reunieron para visitar a su antiguo profesor. Enseguida la charla devino en quejas acerca del interminable stress que les producía el trabajo y la vida en general.

El profesor les ofreció café, fue a la cocina y rápido regresó con una cafetera grande y una selección de tazas de lo más selecta: de porcelana, plástico, vidrio, cristal, unas sencillas y baratas, otras decoradas, unas caras, otras realmente hermosas. Tranquilamente les dijo que escogieran una taza y se sirvieran un poco del café recién preparado.

Cuando lo hicieron, el viejo maestro se aclaró la garganta y con mucha calma y paciencia se dirigió al grupo:

Se habrán dado cuenta que todas las tazas que lucían bonitas se terminaron primero y quedaron pocas de las más sencillas y baratas, lo que es natural, ya que cada quien prefiere lo mejor para sí mismo. Ésa es realmente la causa de muchos de sus problemas relativos al stress.

Y continuó:

Les aseguro que la taza no le añadió calidad al café. En verdad la taza solamente disfraza o reviste lo que bebemos. Lo que ustedes querían era el café, no la taza, pero instintivamente buscaron las mejores. Después se pusieron a mirar las tazas de los demás para constatar quién tenía la taza más bella.

Reflexión final:

Ahora piensa en esto: La vida es el café. Los trabajos, el dinero, la posición social, etc. son simples tazas, que le dan forma y soporte a la vida; y el tipo de taza que tengamos no define ni cambia realmente la calidad de vida que llevamos. A menudo, por concentrarnos sólo en la taza dejamos de disfrutar el café.

¡Disfruta tu café! La gente más feliz no es la que tiene lo mejor de todo sino la que hace lo mejor con lo que tiene. Así pues, recuérdalo:

-Vive de manera sencilla.

– Ten paz.

– Ama y actúa generosamente.

– Habla con amabilidad.

El resto déjaselo al Universo. Y recuerda que la persona más rica no es la que tiene más sino la que necesita menos.

Disfruta tu café. ¡Salud!

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El fracaso

Fracaso no significa que estemos derrotados:
significa que hemos perdido solo una batalla.

Fracaso no significa que no hemos logrado nada:
significa que hemos aprendido algo,

No significa que hemos sufrido el descrédito:
significa que estuvimos dispuestos a ensayar.

No significa falta de capacidad:
Significa que debemos hacer las cosas de una manera diferente.

Fracaso no significa que somos inferiores:
Significa que no somos perfectos.

No significa que hemos perdido nuestra vida:
significa que tenemos buenas razones para empezar de nuevo.

No significa que debemos echarnos atrás:
significa que debemos luchar con mayor ahínco.

Fracaso no significa que jamás lograremos nuestras metas:
significa que tardaremos un poco en alcanzarlas.

Fracaso no significa que Dios nos ha abandonado:
significa que Dios tiene una idea mejor!!

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ME CONCEDO

IM FREE

1.- Me concedo a mí mismo el permiso de estar y de ser quien soy, en lugar de creer que debo esperar a que otro determine dónde yo debería estar o cómo debería ser.

2.- Me concedo a mí mismo el permiso de sentir lo que siento, en vez de sentir lo que otros sentirían en mi lugar.

3.- Me concedo a mí mismo el permiso de pensar lo que pienso y también el derecho de decirlo, si quiero, o de callármelo, si es que así me conviene.

4.- Me concedo a mí mismo el permiso de correr los riesgos que yo decida correr, con la única condición de aceptar pagar yo mismo los precios de esos riesgos.

5.- Me concedo a mí mismo el permiso de buscar lo que yo creo que necesito del mundo, en lugar de esperar que alguien más me de el permiso para obtenerlo.

Estos cinco permisos esenciales condicionan nuestro ser persona. Y ser persona es el único camino para volverse autodependiente.
Porque estos permisos me permiten finalmente ser auténticamente quien soy.

El primero dice que si yo soy una persona tengo que concederme a mí mismo la libertad de ser quien soy. ¿Qué quiere decir esto? Dejar de exigirme ser el que los demás quieren que sea: el que quiere mi jefe, el que quiere mi esposa, el que quieren mis amigos o el que quieren mis hijos. Ser persona es darme a mí mismo la libertad de ser el que soy.

Es probable que a muchos no les guste que sea el que soy; es probable que cuando otros descubran que soy el que soy —y que además me doy la libertad de serlo— se enojen conmigo.

Todos podemos llegar a ser personas, pero si no empezamos por este permiso, no hay posibilidades; nos quedaremos siendo individuos parecidos a muchos otros individuos que se sienten a sí mismos diferentes, pero que obedecen y pertenecen al club de aquellos que no se dan el derecho de ser quienes son; que intentan parecerse a los demás.

Jorge Bucay : “El Camino de la Autodependencia”

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Con frecuencia nos referimos a la recuperación de la codependencia y
de ser hijos adultos de alcohólicos con el término “autocuidado”. El
cuidado de uno mismo no es, como algunos pudieran pensar, una moda
de la “generación yo”. No es autoindulgencia. No es egoísmo, en la
interpretación negativa de esa palabra.
Estamos aprendiendo a cuidar de nosotros mismos, en vez de
concentrarnos obsesivamente en otra persona. Estamos aprendiendo la
autoresponsabilidad, en vez de sentirnos excesivamente responsables
de los demás. Cuidarse a uno mismo significa también cumplir con
nuestras verdaderas responsabilidades hacia los otros; y esto lo
hacemos mejor cuando no nos sentimos demasiado responsables.
Cuidarse a uno mismo a veces significa “yo primero” , pero por lo
general, significa “yo también”. Significa que somos responsables de
nosotros mismos y que podemos escoger ya no seguir siendo victimas.
Cuidarse a uno mismo significa aprender a amar a la persona de la
que somos responsables: nosotros mismos. No lo hacemos para invernar
dentro de un capullo de aislamiento y autoindulgencia; lo hacemos
para poder amar mejor a los demás y para aprender a dejar que ellos
nos amen.
Cuidarse a uno mismo no es egoísmo, es autoestima.
Hoy, Dios mío, ayúdame a amarme a mí mismo. Ayúdame a dejar ir la
sensación de que soy excesivamente responsable de los que me rodean.
Enséñame qué necesito hacer para cuidarme a mí mismo y para ser
adecuadamente responsable con los demás.

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Hubo un gran violinista llamado Paganini. Algunos decían que era una persona extraña. Otros, que había en él algo sobrenatural. Las notas mágicas que salían de su violín tenían un sonido diferente, y por eso nadie quería perder la oportunidad de verlo tocar. Una noche, el escenario estaba repleto de admiradores preparados para recibirlo. La orquesta entró y fue aplaudida. EL director entró y recibió una gran ovación. Pero cuando la figura de Paganini surgió, triunfante, el público deliró. El violinista se puso el instrumento en el hombro, y lo que siguió fue indescriptible: blancas y negras, fusas y semifusas, corcheas y semicorcheas parecían tener alas y volar al toque de aquellos dedos encantados.De repente, un sonido extraño interrumpió el ensueño de la platea: una de las cuerdas del violín de Paganini se había roto. El director paró. La orquesta se calló. El público estaba en suspenso. Pero Paganini no se detuvo. Mirando su partitura, continuó extrayendo sonidos deliciosos de su violín atrofiado. El director y la orquesta, admirados, volvieron a tocar.Cuando el público se tranquilizó. De repente otro sonido perturbador atrajo su atención. Otra cuerda del violín se rompió. El director y la orquesta pararon de nuevo, mas Paganini continuó como si nada hubiera ocurrido. Impresionados, los músicos volvieron a tocar.Pero el público no podía imaginar lo que iba a ocurrir a continuación. Todos los asistentes, asombrados, gritaron un “¡oohhh!” que retumbó por la sala: otra cuerda del violín se había roto. El director y la orquesta se detuvieron. La respiración del público cesó. Pero Paganini seguía: como un contorsionista musical, arrancaba todos los sonidos posibles de la única cuerda que le quedaba al destruido violín. El director, embelesado, se animó, y la orquesta volvió a tocar con mayor entusiasmo. El público iba del silencio a la euforia, de la inercia al delirio.

Paganini alcanzó la gloria, y su nombre corrió a través del tiempo. No fue apenas un violinista genial, sino el símbolo del profesional que continúa adelante aun ante lo imposible.

Cuando todo parece derrumbarse, démonos una oportunidad y sigamos adelante; despertemos al Paganini que existe en nuestro interior. La celebridad es el arte de continuar donde otros resuelvan parar.

Extraído del libro “La culpa es de la vaca”

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